12 de agosto | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Corazones purificados

Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 1 Juan 3:3.

He aquí una obra que el hombre puede hacer. Debe mirarse en el espejo, la santa ley de Dios, descubrir los defectos de su carácter moral y abandonar sus pecados, lavando la vestidura de su carácter en la sangre del Cordero. La envidia, el orgullo, la malicia, el engaño, la contienda y el crimen serán limpiados del corazón que recibe el amor de Cristo y que alberga la esperanza de ser transformado a su semejanza cuando lo vea tal como él es. La religión de Cristo refina y dignifica a su poseedor, no importa qué relaciones haya tenido en la vida y por qué circunstancias haya pasado. Los hombres que llegan a ser cristianos poseedores de gran luz se levantan por encima del nivel de sus caracteres antiguos hasta alcanzar una mayor fortaleza mental y moral. Los que han caído en el pecado y el crimen y han sido degradados por ellos, gracias a los méritos del Salvador pueden ser exaltados a una posición muy poco menor que la de los ángeles.

Pero la influencia de un Evangelio de esperanza no inducirá al pecador a aguardar la salvación de Cristo como algo de pura gracia, mientras continúa viviendo en la transgresión de la ley de Dios. Cuando la luz de la verdad resplandece en su mente y comprende en forma plena los requerimientos de Dios y vislumbra la amplitud de su transgresión, reformará sus caminos, llegará a ser leal a Dios por medio de la fortaleza obtenida de su Salvador y vivirá una vida nueva y más pura.—Testimonies for the Church 4:294, 295.

Tenemos una obra que hacer para conformar el carácter de acuerdo con el Modelo divino. Debemos abandonar todos los malos hábitos. El impuro debe llegar a ser puro de corazón, el hombre egoísta debe dejar de lado su egoísmo, el orgulloso debe liberarse de su orgullo, el autosuficiente debe vencer su confianza propia y comprender que no es nada sin Cristo… Debemos tener una relación viviente con Dios.—The Review and Herald, 17 de noviembre de 1885.

Mientras más íntimamente estemos relacionados con Cristo, más revelarán nuestros actos y palabras el poder subyugador y transformador de su gracia.—Testimonies for the Church 4:626.

DEVOCIONAL: LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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