11 de octubre 2019 | Devoción Matutina para Jóvenes | Fe

Jehová el Señor me ayudará, por tanto, no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal. Isaias 50:7.

Jesús nos asombra. Su vida no tiene comparación. En el nido de las víboras espirituales no hubo una que le inoculara la ponzoña del pecado. Nadie ha sido probado más que Jesús, ni tentado como él lo fue.

Fue probado por el sufrimiento físico: Sufrió la tortura y la crucifixión.

Fue probado por el sufrimiento mental: De la infancia a la tumba fue acosado por el diablo quien le proponía la idea de evitar la cruz (Mat. 4:8-10). Los hombres lo llamaron bastardo y endemoniado (Mat. 12:24: Juan 8:41).

Fue probado por el sufrimiento espiritual: Llegó a pensar que su Padre lo había abandonado en la hora de la agonía, y clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46).

Al fin Jesús creyó que su Padre lo amaba y estaba junto a él, aunque no percibía su presencia. Volvió a llamarlo con ternura filial: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Luc. 23:46).

Su gloria se midió por su nobleza,

su caridad por su benevolencia,

la erudición medía su eminencia,

la sencillez tasaba su grandeza.

Su fibra se midió por su entereza

el día que probaron su paciencia,

y lo vituperaban sin clemencia sin

revelar indicios de flaqueza.

Y en el despliegue del renunciamiento

evidenció su filiación divina muriendo

por el gusto de la gracia,

sufriendo en inefable detrimento

la pena del pecado con su ruina,

amor que remediaba mi desgracia.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2019

VOLANDO ALTO – VALORES

Lecturas devocionales para Jóvenes 2019

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