11 de noviembre | Devocional: Alza tus ojos | Mire a Jesús, no a los demás

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:2.

Los que profesan creer en la verdad traten diligentemente de seguir las pisadas del Maestro, ayudando a todos los que necesitan un Salvador. Cristo ha presentado claramente las condiciones de las cuales depende la salvación. Dice “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24. Sí, siga a Cristo. Deje que cada alma sincera que desea obedecer a Dios camine en las pisadas del Redentor. Debemos ser humildes y mansos de corazón. Debemos producir frutos de justicia de acuerdo con las capacidades que Dios nos ha dado.

Hermana, debemos llegar al cielo. No debemos permitir que nada nos impida obtener la vida eterna. Sea humilde, mansa, buena, compasiva y tierna de corazón. No mire ni hable de las faltas de los demás. Recuerde que Ud. se asemeja a lo que observa. La vida eterna vale todo para nosotros. Hablemos de la bondad, el poder y la gloria de Cristo.

Ud. puede ser una bendición en la iglesia si deja brillar su luz. Por su ejemplo puede enseñar a otros a brillar. No atraiga la oscuridad exaltando el poder del enemigo sobre el del Señor Jesús. Todo lo que tiene que hacer es abrir su corazón a los rayos luminosos que provienen del sol de la gracia y la gloria de Cristo. Hable de la fe pura, santa y sagrada. No dé un testimonio desalentador, porque esto agrada al enemigo. Hable de la bondad de Dios. ¿No tenemos a cada paso, acaso, suficientes motivos para alabarle?

Cristo dice: “He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. Apocalipsis 3:8. Entonces, pues, no desanimemos a los demás hablando de defectos del carácter. Hable de la luz; el cielo está lleno de luz. Cristo es la luz del mundo. Pronuncie palabras de esperanza, de fortaleza, de consuelo. Desvíe su mirada de las imperfecciones de los demás, y muestre a los que la rodean, por medio de la piedad práctica, un camino mejor.

Deseo que recobre todo lo que perdió. No actúe de acuerdo con sus impulsos en perjuicio de otras almas. Muestre a sus hijos, en el hogar, el camino a Cristo. Necesitamos apreciar más completamente el valor de la educación dada en el hogar: un poco de amor y ternura aquí, y otro poco allá, línea sobre línea en amor. Las palabras agradables harán maravillas. Que Dios le ayude, mi querida hermana, es mi oración.—Carta 148, del 11 de noviembre de 1900, a la esposa adventista de un hombre de negocios próspero pero [328] incrédulo.*

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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