11 de mayo | Devocional: Exaltad a Jesús | La obediencia de la ley divina

Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? Deuteronomio 4:7-8.

Con respecto a sus mandamientos, Dios instruyó a su pueblo a través de Moisés: “Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos”. Deuteronomio 4:6…

La preciosa instrucción que el Señor le dio a su pueblo desde el monte Sinaí fue llevada por ellos durante toda su peregrinación por el desierto, y la repetían dondequiera establecían su campamento. Dios había planeado dar mediante ellos una representación de sí mismo y de su ley a las naciones que los rodeaban, mediante las palabras que hablaran y en una variedad de otras formas. En muchas ocasiones, al encontrarse con pueblos que no conocían a Dios, exaltaron a su Dirigente como un Ser grande y santo a quien todos debían honrar siempre y respetar y reverenciar…

Las naciones circunvecinas debían llegar a familiarizarse con los elevados principios de las leyes dadas por Dios, que los dirigentes del pueblo les estaban enseñando a guardar. Entonces, en lugar de despreciar al pueblo instruido de este modo, llegarían a considerar la obediencia de estas leyes como evidencia de que este pueblo en realidad era bendecido extraordinariamente entre las naciones.

Otra notable exhibición para las naciones de alrededor, era el perfecto orden que se observaba en el campamento de los israelitas. Podían ver la nube que se cernía por encima del lugar donde se debía erigir el tabernáculo; observaban a los sacerdotes y a otras personas encargadas empeñados en realizar sus tareas especiales, cada uno dedicado a cumplir la parte que se le había asignado en el trabajo de preparar el campamento para la noche. Nadie necesitaba hacer lo que se le había encargado a otro. Cualquiera que hubiera tratado de hacer el trabajo de otro habría sufrido la pena de muerte. Cada uno se encargaba de su deber especial. Al erigir el tabernáculo, cada parte calzaba con otra, y la casa del Señor era levantada con hermosa precisión. No se hablaba ninguna palabra, no se daba una sola orden, excepto por el individuo encargado. Nadie se confundía; todo se colocaba ordenadamente, de acuerdo con el modelo que se le había mostrado a Moisés en el monte.

Todo lo relacionado con el arreglo del campamento era una lección objetiva para los niños, que los educaba en la adquisición de hábitos de precisión y cuidado y orden. Se requería que los niños de edad suficiente aprendieran a levantar las tiendas en que vivían, y a observar perfecto orden en todo lo que hacían… Constantemente estaban siendo educados con relación a las cosas celestiales. Los padres debían explicar continuamente a sus hijos por qué los israelitas debían viajar por el desierto; por qué la ley había sido  dada en el Sinaí, y lo que se esperaba que hicieran y que llegaran a ser al entrar en la tierra prometida.—Manuscrito 152, 1901.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White



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