11 de febrero | Devocional: Alza tus ojos |  Servir para libertar

«El ayuno que a mí me agrada es que liberen a los presos encadenados injustamente, es que liberen a los esclavos, es que dejen en libertad a los maltratados y que acaben con toda injusticia». Isaías 58: 6, TLA

HAY MUCHA profesión externa en nuestro mundo y abunda la justicia propia, pero las evidencias de la acción profunda de la gracia en los corazones no son tan evidentes. Sucede aquí algo muy serio y trascendental. Ha llegado el tiempo cuando todo el mundo tiene que comprender que posee un alma que salvar o perder, un cielo que ganar y un castigo que evitar. Necesitamos comprender qué es lo que debemos hacer a fin de ser salvos. […]

En la experiencia del pueblo de Dios ha habido yugos […] que Dios nunca ordenó que existieran, yugos que han echado a perder nuestro testimonio y han ofendido al Señor Dios de Israel. El hecho de que alguien desempeñe responsabilidades en la iglesia no lo autoriza a manipular la mente y la voluntad de otros por quienes el Señor está trabajando. El Señor desea que todo aquel que está a su servicio comprenda qué clase de actuación se le requiere. […]

Dios ha dado la instrucción de «que se rompa todo yugo» (Isa. 58: 6, RVC). Somos uno, uno en Cristo Jesús. No es la posición la que hace al ser humano. La posición no otorga libertad para ejercer poder arbitrariamente sobre los demás. Es consejo lo que se necesita; debe manifestarse rectitud de conducta acompañada de mansedumbre y humildad de pensamiento, y un espíritu dispuesto a buscar al Señor hasta que se lo encuentre.

«Llamarás, y el Señor responderá; pedirás ayuda, y él dirá: “¡Aquí estoy!”. Si desechas el yugo de opresión, el dedo acusador y la lengua maliciosa, si te dedicas a ayudar a los hambrientos y a saciar la necesidad del desvalido, entonces brillará tu luz en las tinieblas, y como el mediodía será tu noche» (Isa. 58: 9-10, NVI). Alabemos a Dios porque podemos hacer nuestra esta promesa si cumplimos con las condiciones. Cuando no sepamos qué camino escoger, si seguimos sus indicaciones vendrá luz directamente de Dios a nosotros. […]

Sometámonos al Señor Dios de Israel. Usted puede tener su forma peculiar de ser, yo puedo tener la mía, y cada cual la suya; pero bajo la dirección de Dios esa forma será aceptable. Si no estamos bajo el control de Dios, si no nos conduce la iluminación de su Espíritu, nuestra manera de ser no será aceptable. Lo que necesitamos es permanecer en una relación correcta con el gran Yo Soy. Cuando estamos en una correcta relación con él podemos cumplir con la misión que Cristo nos ha encomendado.— Manuscrito 9, copiado el 11 de febrero de 1909, «Dos clases de servicio».

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DEVOCIONAL

ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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