La terminación de la obra, 10 de septiembre
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
Mateo 24:14.
El solemne y sagrado mensaje de amonestación debe proclamarse en los campos más difíciles y en las ciudades más pecaminosas,
en todo lugar donde no haya brillado todavía la luz del gran triple mensaje. Cada cual ha de oír la última invitación a la cena de
bodas del Cordero. De pueblo a pueblo, de ciudad a ciudad, de país a país, debe irse proclamando el mensaje de la verdad presente,
no con ostentación externa, sino en el poder del Espíritu.—Obreros Evangélicos, 27.
El mensaje del poder renovador de la gracia de Dios será proclamado a todo país y clima, hasta que la verdad circunde el mundo.
Entre los que sean sellados habrá quienes vendrán de toda nación, tribu, lengua y pueblo. De todo país se reunirán hombres y mujeres
que estarán delante del trono de Dios y del Cordero exclamando: “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el
trono, y al Cordero”. Apocalipsis 7:10—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 518.
La gloria de la verdad de Dios debe resplandecer en toda la Tierra. La luz debe iluminar a todo lugar y a toda persona. Quienes
recibieron la luz deben hacerla brillar constantemente. Puesto que el sol ha salido en nuestras vidas debemos reflejar su luz sobre el
sendero de los que están en oscuridad.
Una crisis se avecina. Imbuidos del poder del Espíritu Santo debemos ahora proclamar las grandes verdades para estos últimos
días. No transcurrirá mucho tiempo antes que todos hayan escuchado la amonestación y efectuado su decisión. Entonces vendrá el
fin.—Testimonies for the Church 6:33.
La verdad contenida en los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles, debe ir a toda nación, tribu, lengua y pueblo; debe
iluminar las tinieblas de todo continente, y extenderse hasta las islas de la mar. No debe dejarse dilatar esta obra de gran importancia. [270]
Nuestro santo y seña debe ser: ¡Adelante, siempre adelante! Los ángeles de Dios irán delante de nosotros para prepararnos el
camino. No podemos dejar de preocuparnos por las regiones lejanas.—Obreros Evangélicos, 485, 486.
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