10 de Octubre | Una religión radiante | Elena G. de White | La alegría de volverse a Dios

«También los levitas tranquilizaban a todo el pueblo. Les decían: ((¡Tranquilos! ¡No estén tristes, que este es un día santo!”. Así que todo el pueblo se fue a comer y beber y compartir su comida, felices de haber comprendido lo que se les había enseñado». Nehemías 8: 11-12, NVI

ERA EL TIEMPO DE LA fiesta de las trompetas. Muchos estaban congregados en Jerusalén. La escena rezumaba melancolía. La muralla de Jerusalén había sido reedificada y se habían colocado las puertas; pero gran parte de la ciudad todavía estaba en ruinas. En una plataforma de madera, erigida en una de las calles más anchas y rodeada en todas las direcciones por los tristes recuerdos de la gloria que se había desvanecido de Judá, se encontraba Esdras, ahora anciano. […]
Algunos de los sacerdotes y levitas cooperaban con Esdras para explicar los principios de la ley «Leían del libro de la ley de Dios y explicaban con claridad el significado de lo que se leía, así ayudaban al pueblo a comprender cada pasaje». […] «Todo el pueblo escuchó atentamente la lectura del libro de la ley» (Neh. 8: 8,3, NTV). Escuchaban con reverencia las palabras del Altísimo. Al serles explicada la ley, quedaron convencidos de su culpabilidad y lloraron por sus transgresiones. Pero era un día de fiesta y gozo, una santa convocación. El Señor había mandado al pueblo que-celebrara ese día con gozo y alegría; y en vista de ello se les pidió que refrenaran su pesar y que se regocijaran por la gran misericordia de Dios hacia ellos. […]
La primera parte del día fue dedicada a actividades espirituales, y el pueblo pasó el resto del tiempo recordando agradecido las bendiciones de Dios y disfrutando de los bienes que él les había proporcionado. Se ofrecieron porciones a los pobres que no tenían nada que preparar. Había gran regocijo porque las palabras de la ley habían sido leídas y comprendidas.— Profetas y reyes, cap. 56, pp. 449-450.
«Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios. Y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén y amén!”». Nehemías 8: 6, NVI

Mi reflexión personal
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DEVOCIONAL ADVENTISTA
UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristiana feliz
Elena G. de White

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