10 de mayo | Devocional: La fe por la cual vivo | Bendiciones para los pobres en espíritu

Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:3.

“Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza recurriendo a Jesús.”—El Discurso Maestro de Jesucristo, 14.

“‘Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.’ El hombre debe despojarse de sí mismo antes que pueda ser, en el sentido más pleno, creyente en Jesús. Entonces el Señor puede hacer del hombre una nueva criatura. Los nuevos odres pueden contener el nuevo vino. El amor de Cristo animará al creyente con nueva vida. En aquel que mira al Autor y Consumador de nuestra fe, se manifestará el carácter de Cristo.”—El Deseado de Todas las Gentes, 239.

“El corazón orgulloso lucha para ganar la salvación; pero tanto nuestro derecho al cielo como nuestra idoneidad para él, se hallan en la justicia de Cristo. El Señor no puede hacer nada para sanar al hombre hasta que, convencido éste de su propia debilidad y despojado de toda suficiencia propia, se entrega al dominio de Dios. Entonces puede recibir el don que Dios espera concederle. De nada es privada el alma que siente su necesidad. Ella tiene acceso sin reserva a Aquel en quien mora toda la plenitud.”—Ibid. 258.

“Cuando el hombre ha pecado contra un Dios santo y misericordioso, no puede seguir una conducta más noble que la que consiste en arrepentirse sinceramente y confesar sus errores…. Esto es lo que Dios requiere; no puede aceptar sino un corazón quebrantado y un espíritu contrito.”—La Historia de Profetas y Reyes, 321.

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DEVOCIONAL: LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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