10 de marzo | Devocional: Exaltad a Jesús  | Un ejemplo de obediencia

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte. Filipenses 2:8.

Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a “Dios con nosotros”.

Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Imputa al Creador la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria que ha provocado, e induce a los hombres a considerar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús había de desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, había de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras vicisitudes. “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos”. Hebreos 2:17.

Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue “tentado en todo punto, así como nosotros”. Hebreos 4:15. Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba. El dice: “Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón”. Salmos 40:8. Mientras andaba haciendo bien y sanando a todos los afligidos de Satanás, demostró claramente a los hombres el carácter de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que para nosotros también es posible obedecer la ley de Dios.

Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer. Fue Cristo quien habló a Moisés desde la zarza del monte Horeb diciendo: “YO SOY EL QUE SOY… Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros”. Éxodo 3:14.

Tal era la garantía de la liberación de Israel. Asimismo cuando vino “en semejanza de los hombres”, se declaró el YO SOY El Niño de Belén, el manso y humilde Salvador, es Dios, “manifestado en carne”. 1 Timoteo 3:16.—El Deseado de Todas las Gentes, 15-16.

 

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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