10 de marzo 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | Un destacado pionero

“Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15).

Pablo, una vez más, se basa en el Antiguo Testamento citando Isaías 52:7 para expresar el valor de un enviado:

“Cuán hermosos son sobre los montes / los pies del que trae alegres nuevas, / del que anuncia la paz, / del que trae nuevas del bien, / del que publica salvación” (Isa. 52:7).

Este gozoso anuncio la liberación del cautiverio en Babilonia prefiguraba la venida del Mesías. Pablo, por su parte, se refiere a la redención y la definitiva liberación de la esclavitud del pecado: las buenas nuevas del evangelio.

La biografía de John N. Andrews es realmente extraordinaria. Fue el primer misionero enviado al extranjero por la Iglesia Adventista del Séptimo Día, fue el tercer presidente de la Asociación General. Podía leer la Biblia en siete idiomas, y podía repetir de memoria todo el Nuevo Testamento. Cuando Elena White escribió a los primeros creyentes en Europa, les dijo: “Les enviamos al hombre más capaz que teníamos”

Su jovencita hija Mary fue de gran ayuda en el campo misionero, en la preparación de la primera publicación adventista en francés. Desdichadamente, contrajo tuberculosis. El pastor Andrews buscó la mejor atención médica para ella, y noche y día acompañó a su hija agonizante, aun cuando le aconsejaban que se cuidara, para no contagiarse. Mary falleció el 27 de noviembre de 1878, a los diecisiete años.

En el diario de Andrews puede leerse lo siguiente: “Ayer en la mañana, a las 4:30, mi querida hija Mary falleció. Esta niña me ayudó mucho en Europa, incluso cuando pasamos por momentos de privación, ella enfrentó todo con coraje, paciencia, fe y esperanza. Lo que sufrió allá hizo que se enfermara de tuberculosis, que avanzó rápidamente. Cayo enferma cuando su ayuda se había vuelto muy valiosa. ¿Quién estará allá, que pueda tomar su lugar?”.

Andrews había perdido a su esposa y sus hijos, pero él seguía pensando con corazón de enviado. Siguió caminando por tierra y por mar y, pocos años después, él mismo contrajo tuberculosis. Mientras la enfermedad avanzaba y su cuerpo se deterioraba, pidió una pluma y papel. Reuniendo sus últimas fuerzas escribió: “Dejo quinientos dó- lares para la Misión Europea”. Luego dijo: “¿Hay algo más que pueda hacer por la causa de Dios?” Y mientras los pastores oraban él pasó al descanso.

En Crespo, Argentina, en el museo de la primera iglesia adventista del séptimo día de Sudamérica, una placa dice:

“Por su Espíritu ellos comenzaron, nosotros terminaremos”. Necesitamos el mismo espíritu de sacrificio y compromiso de Andrews y de los pioneros.

¿Somos nosotros los que termináremos la misión para que Jesús regrese?

Si no somos nosotros, ¿quiénes?

Si no es ahora, ¿cuándo?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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