10 de julio | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | Maestro de la verdad

Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad. Juan 16:13.

El Consolador es llamado el “Espíritu de verdad”. Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador. Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira. Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, tuerce el carácter. Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo somete a sus escogidos a sí mismo.—El Deseado de Todas las Gentes, 624, 625.

Dios quiere que aun en esta vida las verdades de su Palabra continúen siempre revelándose a su pueblo. Y hay sólo un modo para obtener este conocimiento. No podemos llegar a entender la Palabra de Dios sino por la iluminación del Espíritu por el cual fue dada la Palabra. “Las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios”; “porque el Espíritu escudriña todas las cosas, y aun las cosas profundas de Dios”. 1 Corintios 2:11, 10.—El Camino a Cristo, 111.

De Dios, fuente de sabiduría, procede todo conocimiento que es de valor para el hombre, todo lo que el intelecto puede asir o retener. El fruto del árbol que representa el bien y el mal no ha de ser arrancado ávidamente porque lo recomiende el que fue una vez un brillante ángel de gloria. El ha dicho que si los hombres comen de él, conocerán el bien y el mal; pero no lo toquéis. El verdadero conocimiento no proviene de los hombres incrédulos o perversos. La Palabra de Dios es luz y verdad. La verdadera luz resplandece de Jesucristo, que “alumbra a todo hombre que viene a este mundo”. Juan 1:9. Del Espíritu Santo procede el conocimiento divino. El sabe que la humanidad necesita fomentar la paz, la felicidad y el descanso aquí en este mundo, y asegurarse el descanso eterno en el reino de Dios.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 274, 275.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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