10 de julio | Devocional: Conflicto y Valor | La voz de la experiencia

Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Eclesiastés 11:9.

La lección que debe enseñarnos la vida de Salomón tiene un sentido moral especial en relación con la vida de los ancianos, de los que ya no están escalando la montaña sino descendiendo y enfrentando al sol que se pone. Esperamos ver defectos en los caracteres de los jóvenes que no están impulsados por el amor y la fe en Jesucristo. Vernos a la juventud vacilando entre lo correcto y lo incorrecto, entre principios inamovibles y la casi abrumadora corriente del mal que los está llevando a la ruina. Pero de los de edad madura esperamos cosas mejores. Esperamos que tengan el carácter asentado, que estén firmes en los principios y que no estén en peligro de ser contaminados. Pero el caso de Salomón está delante de nosotros como una luz de advertencia. Cuando tú, anciano peregrino que has peleado las batallas de la vida, pienses que estás firme, mira que no caigas. El carácter de Salomón, por naturaleza valiente, firme y decidido, ahora débil y vacilante, ¡cómo temblaba cual junco al viento bajo el poder de la tentación! El recio y viejo cedro del Líbano, el robusto roble de Basán, ¡cómo se inclinaba frente a la ráfaga de la tentación! ¡Qué lección—la de velar continuamente en oración—para todos los que desean salvar su alma! ¡Qué advertencia para guardar por siempre la gracia de Cristo en el corazón, para luchar contra las corrupciones internas y las tentaciones externas!—The S.D.A. Bible Commentary 2:1031, 1032.

Que nadie se aventure en el pecado como él lo hizo, con la esperanza de que también podrá recobrarse. Puede darse rienda suelta al pecado sólo a riesgo de pérdidas infinitas. Pero ninguno que haya caído necesita entregarse a la desesperación. Hombres de edad, antaño honrados por Dios, pueden haber corrompido su alma, sacrificando la virtud en aras de la concupiscencia; pero aún hay esperanza para ellos si se arrepienten, abandonan el pecado y se vuelven a Dios.

El mal uso de nobles talentos en el caso de Salomón debiera ser una advertencia para todos. Solamente la piedad es verdadera grandeza.—Carta 8b, 1891.

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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Devocional

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