10 de febrero | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | El rey de gloria

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Salmos 24:7, 8.

Cristo vino a la tierra como Dios en forma humana. Ascendió a los cielos como Rey de los santos. Su ascensión fue digna de su exaltado carácter. Fue como alguien poderoso en batalla, vencedor, que llevaba cautiva la cautividad. Fue acompañado por la hueste angélica, entre aclamaciones de alabanza e himnos celestiales.—The S.D.A. Bible Commentary 6:1053.

Los discípulos no solamente vieron ascender al Señor, sino que tuvieron el testimonio de los ángeles en el sentido de que había ido a ocupar el trono de su Padre… El resplandor de la escolta celestial y la apertura de las gloriosas puertas de Dios para darle la bienvenida no habrían de ser discernidos por ojos mortales. Si se les hubiera revelado a los discípulos el viaje de Cristo al cielo con toda su indecible gloria, no habrían podido soportar la visión… Sus sentidos no deberían infatuarse con las glorias del cielo de tal modo que perdieran de vista el carácter de Cristo en la tierra que ellos mismos debían copiar. Debían mantener nítidamente delante de sus mentes la hermosura y majestad de su vida, la perfecta armonía de todos sus atributos, y la misteriosa unión de lo divino y lo humano en su naturaleza… Su ascensión visible de este mundo estaba en armonía con la humildad y la serenidad de su vida.—The Spirit of Prophecy 3:254, 255.

¡Qué fuente de gozo era para los discípulos saber que tenían en los cielos un Amigo capaz de defenderlos! Por medio de la visible ascensión de Cristo cambiaron todas sus ideas y conceptos con respecto al cielo… Lo consideraban ahora su futuro hogar, donde su amante Redentor estaba preparando mansiones para ellos… La oración se revistió de un nuevo interés, puesto que era comunión con su Salvador…

Tenían un Evangelio que predicar: Cristo en forma humana, varón de dolores; Cristo en su humillación, asido por manos impías y crucificado; Cristo resucitado, que ascendió a los cielos, para ser el Abogado del hombre en presencia de Dios; Cristo que había de venir con poder y gran gloria en las nubes de los cielos.—Ibid. 262, 263.

 

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DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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