10 de febrero | Devocional: Exaltad a Jesús | Suyos por creación y redención, exaltad a Jesús como el Creador

Tus manos me hicieron y me formaron. Salmos 119:73.

Consideremos la idea del privilegio que tenemos. Hay muchas personas que, cuando pasan por dificultades, caen en tentación y quedan desorientadas. Se olvidan de las invitaciones que el Señor ha dado abundantemente y comienzan a buscar la ayuda humana y a hacer planes para recibirla. Acuden a los seres humanos por ayuda, y de este modo su experiencia se debilita y se confunde. En todas nuestras pruebas se nos invita a buscar fervientemente al Señor, recordando que somos propiedad de él, hijos suyos por adopción. Ningún ser humano puede comprender nuestras necesidades como Cristo. Si se la pedimos con fe, recibiremos su ayuda. Le pertenecemos por creación, y también somos suyos por redención. Mediante las cuerdas del amor divino estamos sujetos a la Fuente de todo poder y fortaleza. Si tan sólo dependiéramos de Dios, pidiéndole lo que deseamos como el niñito le pide a su padre lo que quiere, obtendríamos una rica experiencia. Así aprenderíamos que Dios es la fuente de toda fortaleza y poder.

Si al pedir, usted no experimenta de inmediato un sentimiento especial, no piense que su oración no ha sido contestada. Aquel que dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”, lo oirá y le contestará. Entonces, deje que su Palabra sea su confianza, pida y busque y goce del privilegio de descubrir que Cristo lo ha animado. El dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros—el yugo de la restricción y la obediencia—, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:28-29.

Hallaremos descanso llevando su yugo y soportando sus cargas. Encontraremos reposo verdadero al ser colaboradores con Cristo en la grandiosa obra por la cual vino a dar su vida. El dio su vida por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Su deseo es que acudamos a él para aprender de él. De ese modo experimentaremos descanso. El prometió hacernos descansar. Entonces, no coloque sus cargas sobre nigún otro ser humano. “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Al hacerlo, usted descubrirá por experiencia propia la clase de descanso que Cristo concede, el reposo que proviene de llevar su yugo y levantar sus cargas.

El pueblo de Dios le ha deshonrado muchísimo al apoyarse sobre otros seres humanos. El no nos ha autorizado a que lo hagamos. Nos ha dicho que él nos enseñará y nos guiará…

Piense en cuántas promesas nos ha hecho, de las cuales nos podemos asir con la mano de la fe… El desea que lo lleguemos a conocer, que hablemos con él, que le digamos acerca de nuestras dificultades, y que nos acostumbremos a pedirle a Uno que nunca juzga mal ni nunca comete una equivocación.—Manuscrito 144, 1901.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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