10 de enero | Devocional: Alza tus ojos | Contemplen el modelo

«Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día». 2 Corintios 4: 16

La mente tiene gran poder para el bien, si se amolda a la mente de Cristo y es santificada y controlada por el Espíritu de Dios. Pero el intelecto por sí solo no puede proporcionar idoneidad para el cielo ni capacitamos para alcanzar la norma divina. Si hemos de ser como Dios quiere que seamos, hemos de desanollar un carácter puro y noble. El derecho que se tiene de pretender ser seres humanos, está determinado por el uso que se haga de su inteligencia. Antes que alguien pueda ser reconocido como colaborador con Dios, debe abandonar la confianza en sí mismo que demanda mucho y da poco. […]

Los seres humanos no tenemos derecho a pensar que hay un límite para los esfuerzos que han de hacerse para reflejar la bondad y el amor de Dios en la tarea de salvar almas. ¿Se cansó Cristo alguna vez en su obra de salvar almas? ¿Se apartó alguna vez de la senda de la abnegación y del sacrificio? Cuando los miembros de iglesia practiquen en sus vidas la abnegación que Cristo manifestó en la suya, cuando hagan los esfuerzos continuos y perseverantes que él hizo, no tendrán tiempo ni inclinación para introducir en su experiencia las hebras falsas que echen a perder el diseño. […]

Hemos de velar, trabajar y orar, y no dar nunca ocasión para que nuestro ego predomine. Es necesario estar listos,’ mediante la vigilancia y la oración, para lanzamos a la acción en obediencia al mandato del maestro. Dondequiera veamos que una tarea está esperando ser hecha, debemos tomarla y realizarla, puestos los ojos en todo momento en Jesús.

La abnegación significa mucho. Significa negarse a los deseos naturales y a nuestra natural inclinación. Significa negarse al deseo de encontrar faltas y de acusar. […]

Por amor a Cristo, velen y oren, y durante el año al cual acabamos de entrar, esfuércense por evitar toda palabra áspera. Resuelvan no hablar palabras que arrojen una sombra sobre la vida de los demás. No se detengan a preguntar a quienes los rodean si ellos aprecian los esfuerzos y la dedicación de ustedes. Abran las ventanas hacia el cielo. Piensen en Cristo, y traten de complacerle. […]

Satanás usará toda artimaña posible para asemejamos a él y apartamos de Aquel que dio su vida por nosotros. Aunque los ángeles luchan por lograr el dominio de nuestras vidas, si no nos ceñimos toda la armadura de Dios caeremos derrotados. ¿Ocurrirá esto con ustedes, o firmarán el voto de que no serán intemperantes ni de palabra ni de pensamiento y que mantendrán siempre ante ustedes el modelo divino?

El apóstol no dio esta advertencia sin un propósito. Todos debiéramos sentir que es nuestro deber permanecer en nuestro puesto vigilándonos a nosotros mismos, no sea que los instrumentos del mal, batallando contra nosotros, tengan éxito en llevamos a decir y hacer aquello que complazca al enemigo.— Carta 11, 10 de enero de 1905, dirigida a los hermanos reunidos en concilio en Nashville.

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