10 de diciembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Esforcémonos por salvar a los perdidos

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosostros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca. Juan 15:16.

Este cometido descansa sobre cada persona que dice creer en Jesucristo. Debemos esforzarnos por salvar a los que se encuentran perdidos…

El verdadero obrero de Dios lucha con el Señor en oración, y se esfuerza intensamente en la tarea de salvar las almas perdidas. No se preocupa por exaltar el yo con palabras y acciones, sino que simplemente se esfuerza por ganar almas. Dios considera al cristiano más puro, más humilde, más semejante a un niño, como su mejor obrero y el más poderoso en el trabajo en favor de las almas. Las inteligencias celestiales pueden colaborar con el hombre o la mujer que no hará nada por absorber la gloria para sí, sino que estará dispuesto a que toda la gloria redunde en honor de Dios. La persona que más siente su necesidad de la sabiduría divina, la que suplica que se le conceda el poder celestial, es la que se levantará de su comunión con Cristo para relacionarse con las almas que perecen en sus pecados; y por encontrarse ungida con el Espíritu del Señor, tendrá éxito allí donde el ministro educado puede fracasar. Dios nos ha concedido lecciones importantísimas con relación al deber de cada discípulo. Nadie necesita permanecer en la oscuridad; porque es evidente que cada cristiano está llamado a ser una epístola viviente, conocida y leída de todos los hombres.

Cada persona que considera a Cristo como su Salvador personal tiene ante Dios la obligación de ser pura y santa, de ser un obrero espiritual que se esfuerza por salvar a los perdidos, sean grandes o pequeños, ricos o pobres, siervos o libres. La obra mayor de esta tierra consiste en buscar y salvar a los perdidos por quienes Cristo pagó el infinito precio de su propia sangre. A cada uno le corresponde empeñarse en un servicio activo… La oveja que no se busca no es traída de vuelta al redil.

Dios depende de usted, el agente humano, para que cumpla su deber de acuerdo con sus mejores habilidades, y él mismo se encargará de darle el aumento. Si tan sólo los agentes humanos se dispusieran a colaborar con las inteligencias divinas, miles de almas serían rescatadas. El Espíritu Santo les concedería vislumbres de Jesús a esos obreros devotos, que los fortalecería para soportar cada conflicto que los elevaría y robustecería, y los haría más que vencedores… El Señor prometió que donde dos o tres se reúnan en su nombre, él estaría allí en medio de ellos. Los que se reúnan para orar juntos, recibirán la unción del Santo. Existe una gran necesidad de que se practique la oración secreta, pero también se necesita que varios cristianos se congreguen y se unan para presentar fervorosamente sus peticiones delante de Dios. En esos grupos pequeños Jesús está presente, se profundiza el amor por las almas en el corazón y el Espíritu despliega sus poderosas energías para que los agentes humanos puedan ejercitarse en la salvación de los perdidos. Jesús siempre se esforzó por demostrar cuán inútiles son las ceremonias formales, y se esmeró por impresionar a sus discípulos con el hecho de que el Espíritu Santo debe iluminar, renovar y santificar el alma.—The Review and Herald, 30 de junio de 1896.

DEVOCIONAL ADVENTISTA

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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