10 de agosto | Devocional: La fe por la cual vivo | La salud es la recompensa de hábitos correctos

Hijo mío, no te olvides de mí ley; y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días, y años de vida y paz te aumentarán. Proverbios 3:1,2.

“Las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, tan ciertamente divinas como los preceptos del Decálogo. Dios ha escrito en cada nervio, músculo y fibra del cuerpo, las leyes que gobiernan nuestro organismo. Toda violación descuidada o premeditada de estas leyes es un pecado contra nuestro Creador.”—La Educación, 192.

“Hay una estrecha relación entre la mente y el cuerpo, y para alcanzar un alto nivel de dotes morales e intelectuales, debemos acatar las leyes que gobiernan nuestro ser físico. Para alcanzar un carácter fuerte y bien equilibrado, deben ejercitarse y desarrollarse nuestras fuerzas, tanto mentales como corporales. ¿Qué estudio puede ser más importante para los jóvenes que el de este maravilloso organismo que Dios nos ha encomendado y de las leyes por las cuales ha de conservarse en buena salud?”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 650.

“Nuestros cuerpos son propiedad de Cristo… y no nos es lícito hacer de ellos lo que nos dé la gana…. La obediencia a las leyes

de higiene es una obligación personal. Nosotros mismos tenemos que sufrir las consecuencias de la violación de la ley. Cada cual tendrá que responder ante Dios de sus hábitos y prácticas. Por lo tanto la pregunta que nos corresponde no es: ¿cuál es la costumbre del mundo?, sino: ¿cómo debo yo mismo guardar la habitación que Dios me ha dado?”—El Ministerio de Curación, 291.

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DEVOCIONAL: LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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