1 de septiembre | Devocional: La fe por la cual vivo | El hogar edénico

Y había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Génesis 2:8.

“El hogar de nuestros primeros padres, … embellecido por la misma mano de Dios, no era un suntuoso palacio. Los hombres, en su orgullo, se deleitan en tener magníficos y costosos edificios y se enorgullecen de las obras de sus propias manos; pero Dios puso a Adán en un huerto. Esta fue su morada. Los azulados cielos le servían de techo; la tierra, con sus delicadas flores y su alfombra de animado verdor, era su piso; y las ramas frondosas de los hermosos árboles le servían de dosel….

“En el medio en que vivía la santa pareja, había una lección para todos los tiempos; a saber, que la verdadera felicidad se encuentra, no en dar rienda suelta al orgullo y al lujo, sino en la comunión con Dios por medio de sus obras creadas. Si los hombres … cultivasen más la sencillez, cumplirían con mayor plenitud los designios que tuvo Dios al crearlos.”—Historia de los Patriarcas y Profetas, 31.

“El huerto de Edén era una representación de lo que Dios deseaba que llegase a ser toda la tierra y su propósito era que, a medida que la familia humana creciese en número, estableciera otros hogares y escuelas semejantes al que él había dado. De ese modo, con el transcurso del tiempo, toda la tierra debía ser ocupada por hogares y escuelas donde se estudiaran la Palabra y las obras de Dios y donde los estudiantes se preparasen para reflejar cada vez más plenamente, … la luz del conocimiento de su gloria.”—La Educación, 19.

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DEVOCIONAL: LA FE POR LA CUAL VIVO

Elena G. de White

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