1 de septiembre 2020 | Devoción Matutina para Jóvenes | Samuel Taylor Coleridge

Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza. Salmo 56:3.

Samuel se arrodilló junto a su cama y oró como de costumbre:

-¡Mateo, Marcos, Lucas y Juan! Que Dios bendiga la cama donde duermo. Cuatro ángeles me rodean: dos a mis pies y dos en la cabecera.

El niñito se metió debajo de la colcha calentita. Su mamá sujetó las esquinas de la cobija debajo del colchón para que no se destapara en la noche. Se inclinó, y le dio un beso.

-Buenas noches, hijito. ¡Que duermas bien! -le dijo y apagó la vela que iluminaba el pequeño cuarto.

Cerró la puerta, y lo dejó solo en la oscuridad.

Samuel miraba fijamente las sombras que proyectaba la luna al brillar entre las ramas del árbol, frente a su ventana. El viento que soplaba persistentemente hacía que las sombras espectrales danzaran sobre su pared. Una de ellas tenía la forma de un gran dragón. Se imaginaba el fuego que lanzaba por la boca. En el acto se asomó por la ventana, para cerciorarse de que no hubiera un dragón afuera tratando de meterse por la ventana. Estaba seguro de que había oído sus pisadas amenazadoras sobre el techo de la casa. Se le aceleró el corazón. ¿Qué clase de monstruo horrible entraría por la ventana para llevárselo?

-¡Mamá! -abrió la boca para gritar, pero su garganta no pudo emitir sonido alguno.

En eso pensó en los cuatro ángeles de su oración. Se imaginaba a dos de ellos al pie de la cama y otros dos cerca de sus almohadas. Se los imaginaba con espadas resplandecientes en sus manos, matando a la hueste de monstruos que entraban por su ventana. De repente, Samuel perdió el miedo. Tenía la seguridad de que Dios había mandado a sus ángeles para que lo cuidaran esa noche. Ellos eran mucho más poderosos que cualquier dragón que pudiera imaginar. Sonriendo, cerró los ojos. Pronto dormía apaciblemente.

Poco tiempo después del incidente, Samuel enfermó de una fiebre rara que lo obligó a permanecer en cama varios días. Cuánto deseaba que lo visitaran.

-Mamá -le preguntó-, ¿por qué no me visita Lady Northcote?

-Tiene miedo de contagiarse con tu fiebre.

-¡Oh, mamá! Los cuatro ángeles que están alrededor de mi cama no le temen, ¿por qué ella sí?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020



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