1 de Octubre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Preciosa para el corazón de Dios

¿Olvidárase la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de mí están siempre tus muros. Isaías 49:15,16.

“La iglesia de Cristo es muy preciosa a sus ojos. Es el cofre que contiene sus joyas, el redil que encierra su rebaño.”—The S.D.A. Bible Commentary 6:1118.
“Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Es el precio de su sangre. El divino Hijo de Dios camina entre los siete candelabros de oro. Jesús mismo suministra el aceite para estas lámparas encendidas. El enciende la llama. ‘En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.’ Juan 1:4. Ningún candelabro, ninguna iglesia, tiene luz propia. Toda su luz emana de Cristo. El Señor Dios todopoderoso y el Cordero constituyen su luz.”—Ibid.
“Puede parecer a veces que el Señor olvidó los peligros de su iglesia y el daño que le han hecho sus enemigos. Pero Dios no olvidó. Nada hay en este mundo que su corazón aprecie más que su iglesia. No quiere que una conducta mundanal de conveniencias corrompa su foja de servicios. No quiere que sus hijos sean vencidos por las tentaciones de Satanás.”—La Historia de Profetas y Reyes, 433.
“Dios declara que aun las madres pueden olvidarse de sus hijos pero ‘Yo no me olvidaré de ti.’… Dios piensa en sus hijos con la más tierna solicitud y guarda un libro de memoria para no olvidar jamás a los hijos de su cuidado.”—Testimonies for the Church 4:329.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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