1 de marzo | Devocional: La maravillosa gracia de Dios | La mayor atracción del cielo

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16.

Después de haber hablado de Cristo como del intercesor que puede “compadecerse de nuestras flaquezas”, el apóstol dice: “Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia”… El trono de la gracia representa el reino de la gracia; pues la existencia de un trono envuelve la existencia de un reino.—El Conflicto de los Siglos, 395.

Lo que Dios nos indica y concede es ilimitado. El trono de la gracia es en sí mismo la atracción más elevada, porque está ocupado por Uno que nos permite llamarle Padre. Pero Dios no consideró completo el principio de la salvación mientras sólo estaba investido de su amor. Por su propia voluntad, puso en su altar a un Abogado revestido de nuestra naturaleza. Como intercesor nuestro, su obra consiste en presentarnos a Dios como sus hijos e hijas. Cristo intercede en favor de los que le han recibido. En virtud de sus propios méritos, les da poder para llegar a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Y el Padre demuestra su infinito amor a Cristo, quien pagó nuestro rescate con su sangre, recibiendo y dando la bienvenida a los amigos de Cristo como amigos suyos. Está satisfecho con la expiación hecha. Ha sido glorificado por la encarnación, la vida, la muerte y la mediación de su Hijo.

Tan pronto como un hijo de Dios se acerca al propiciatorio, llega a ser cliente del gran Abogado. Cuando pronuncia su primera expresión de penitencia y súplica de perdón, Cristo acepta su caso y lo hace suyo, presentando la súplica ante su Padre como su propia súplica.

A medida que Cristo intercede en nuestro favor, el Padre abre los tesoros de su gracia para que nos los apropiemos, para que los disfrutemos y los comuniquemos a otros. Pedid en mi nombre—dice Cristo—, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis. Haced uso de mi nombre. Esto dará eficacia a vuestras oraciones, y el Padre os dará las riquezas de su gracia; por lo tanto, “pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”. Juan 16:24.—Testimonies for the Church 6:363, 364.

DEVOCIONAL

LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS

Elena G. de White

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