1 de junio 2021 | Devoción Matutina para Adultos 2021 | Stigmata de Cristo

“¡Ojalá me toleraseis un poco de locura!
Sí, toleradme, porque os celo con celo de Dios, pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:1, 2).

En 2 Corintios 11, el apóstol Pablo defiende con vehemencia el evangelio de Cristo y se preocupa por la iglesia. ¿Acaso les habrá dado un mal ejemplo? Él cree que no (vers. 4-9). A diferencia de los pastores mercenarios, Pablo se comportó con dignidad y con humildad. Mientras que los falsos pastores se habían revestido de luz tal como lo hace el diablo (vers. 12-15).
El apóstol describe el altísimo costo pagado para permanecer activo en el cumplimiento de la misión: azotes, viajes incansables, noches de insomnio, asaltos y fatigas (vers. 24-28). Pero de nada de ello Pablo se gloría; pues, a pesar de todo aquello, él entendía que era un frágil instrumento de Dios (vers. 30, 31).
Desde su encuentro con Jesús, una pasión reavivó a Pablo:
El temor a Cristo. Temer a los hombres es diferente de temer al Señor. Temor es lo que sintió José cuando la mujer de Potifar lo tentó, y es lo que sintió Moisés ante la presencia de Dios. Estar frente al mensaje es estar frente a Dios mismo. Pablo se entregaba, se consumía y se extenuaba por la causa. El no temía nada de los hombres, porque temía en todo a Dios.
El amor a Cristo. Este amor no le dejó a Pablo otra elección. Pero la misión de Cristo no es una imposición. Pablo no tenía una misión, la misión lo poseía a él, ligado al hilo conductor que recorre toda la Biblia: el plan de salvación por gracia.
Los judíos se consideraban superiores y se llenaban de orgullo por una marca en su cuerpo: la circuncisión. La marca de Pablo no era meramente en una parte del cuerpo, sino en todo el cuerpo.
“De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús” (Gál. 6:17).
En el griego, la stigmata era la marca que el dueño de un ganado grababa en sus animales para reconocerlos como propios. Esto otorgaba identidad y pertenencia. Un hierro al rojo vivo los marcaba para siempre.
Pablo tenía en su cuerpo la “stigmata de Cristo” para siempre.
Todos nosotros tenemos marcas en nuestra vida, pero una, la de Cristo, tiene que estar por encima de todas.
Podemos tomar a Pablo como un gran ejemplo de humildad y compromiso total con las almas y con la misión.
Esta “stigmata de Cristo” era la marca de Pablo.
¿Cuál es la tuya?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2021



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