1 de julio | Devocional: Exaltad a Jesús | Cristo es el príncipe de los pastores

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 1 Pedro 5:4.

El pastor tenía que llevar una vida de diligencia. Estaba obligado a vigilar su rebaño día y noche. Abundaban los animales salvajes y a menudo eran atrevidos y hacían grandes estragos entre los rebaños de ovejas y el ganado cuando no lo cuidaba un pastor fiel. Aunque Jacob tenía un buen número de siervos que le ayudaban a guardar sus propios ganados y los de Labán, la responsabilidad de toda la empresa descansaba sobre sus hombros. En algunas épocas del año él mismo se veía obligado a permanecer con los rebaños día y noche, para evitar que perecieran de sed durante la estación más seca del año y para salvarlos del frío en las heladas noches de la parte más cruda del invierno. También corrían el riesgo de que sus ovejas les fueran robadas por pastores inescrupulosos que deseaban enriquecerse con el ganado de sus vecinos.

La vida del pastor era una de cuidado constante. No llenaba los requisitos de un pastor a menos que fuera una persona misericordiosa y tuviera valor y perseverancia. Jacob era el pastor principal, y los demás pastores que trabajaban para él se denominaban siervos. El jefe de los pastores pedía estricta cuenta de los siervos, a quienes había confiado el cuidado del rebaño, si no los encontraba en condiciones óptimas. Si faltaba algún animal, el jefe de los pastores sufría la pérdida.

La relación de Cristo con su pueblo se compara a la del pastor con su rebaño. Después de la caída, vio a sus ovejas en una condición deplorable y expuestas a una destrucción segura. Abandonó los honores y la gloria de la casa de su Padre para ser pastor y salvar… a las ovejas errantes que estaban por perecer. Se escuchó su voz bondadosa llamándolas a su redil: un refugio seguro contra la mano de los ladrones; también un techo contra el calor ardiente y un reparo contra la crudeza del frío. Se preocupaba constantemente por el bien del rebaño. Fortalecía a las débiles, alimentaba a las que sufrían algún padecimiento, tomaba en sus brazos a los corderitos del rebaño y los llevaba en su regazo. Sus ovejas lo aman. Sale delante de ellas y las ovejas escuchan su voz y lo siguen. “Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Juan 10:5. Cristo dice: “Yo soy el Buen Pastor; el Buen Pastor su vida da por las ovejas”. Vers. 5…

Cristo es el Príncipe de los pastores. El ha confiado a sus pastores ayudantes el cuidado de su rebaño. Pero de estos pastores requiere el mismo interés por sus ovejas que él siempre les ha manifestado, y que sientan constantemente la responsabilidad del trabajo que les ha encomendado… Si imitan la abnegación de su ejemplo, el rebaño prosperará bajo el cuidado de ellos… entonces trabajarán constantemente por el bienestar del rebaño.—Spiritual Gifts 3:122-124.

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DEVOCIONAL

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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