1 de julio | Devocional: Conflicto y Valor | Un contrato con Dios

2 Crónicas 1.

Salomón hijo de David fue afirmado en su reino, y Jehová su Dios estaba con él, y lo engrandeció sobremanera. 2 Crónicas 1:1.

La gloria verdadera de Salomón durante la primera parte de su reinado no estribaba en su sabiduría sobresaliente, sus riquezas fabulosas o su extenso poder y fama, sino en la honra que reportaba al nombre del Dios de Israel mediante el uso sabio que hacía de los dones del cielo.—La Historia de Profetas y Reyes, 23.

Noble en juventud y en virilidad, amado de su Dios, Salomón se inició en un reinado que prometía gran prosperidad y honor. Las naciones se maravillaban del conocimiento y de la perspicacia del hombre a quien Dios había dado sabiduría. Pero el orgullo de la prosperidad lo separó de Dios. Salomón se apartó del gozo de la comunión divina para buscar satisfacción en los placeres de los sentidos.—La Educación, 147.

Satanás bien sabía los resultados que traería la obediencia, y durante los primeros años del reinado de Salomón, años gloriosos a causa de la sabiduría, la beneficencia, y la rectitud del rey, trató de introducir influencias que insidiosamente debilitaran la lealtad de Salomón a los principios, y lo hicieran separarse de Dios.—Fundamentals of Christian Education, 498.

¿Cometió el Señor una equivocación al poner a Salomón en una posición de tan grande responsabilidad? No. Dios lo preparó para llevar esas responsabilidades y le prometió gracia y fuerza a condición de la obediencia…

El Señor coloca a los hombres en puestos de responsabilidad, no para que realicen sus propios deseos, sino la voluntad del Señor. Mientras ellos aprecien sus puros principios de gobierno, los bendecirá y fortalecerá, reconociéndolos como sus instrumentos. Dios nunca abandona al que es leal a los principios.— The S.D.A. Bible Commentary 3:1128.

El Señor le dijo a Salomón que si andaba en sus caminos, sus bendiciones le acompañarían y le sería dada sabiduría. Pero Salomón falló en mantener su contrato con Dios. Siguió los dictados de su propio corazón, y el Señor lo abandonó a sus propios impulsos.

En la actualidad cada uno tiene su parte que hacer: deberes que cumplir y responsabilidades que llevar. Nadie puede hacer su parte en forma aceptable sin [189] sabiduría de lo alto.—Carta 104, 1902.*

DEVOCIONAL: CONFLICTO Y VALOR

Elena G. de White

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