1 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Damas 2026 | Nunca negocies principios

«Quien se conduce con integridad anda seguro; quien anda en caminos perversos será descubierto» (Proverbios 10: 9).

En cierta oportunidad, tuve una conversación con un señor de edad avanzada que desahogó su dolor diciéndome: «Lo único que no he hecho es matar y robar, pero todo lo demás que te puedas imaginar, lo he hecho. Desperdicié mucho dinero, mentí, hice del placer mi dios, usé a las personas y causé mucho daño». La culpa lo carcomía hasta tal punto que se enfermó física y emocionalmente. Ya no le veía sentido a vivir e incluso hablaba de quitarse la vida.
El versículo de hoy nos habla de la integridad, cualidad de alguien o de algo que es completo, entero, honesto, ético, recto, imparcial. Este es un concepto importante.
Los grandes escándalos políticos y sociales no son otra cosa que la suma de pequeños engaños, medias verdades y erosiones morales de las personas que ocupan puestos de autoridad. Luego va detrás el resto de la sociedad, con la excusa de que «todos lo hacen así». Los fracasos personales, poco conocidos por los demás, también tienen su origen en la falta de integridad.
Ignorar los principios y no actuar conforme a ellos genera una falsa sensación de sosiego que, al mismo tiempo, produce una clara sensación de inquietud.
Según la psiconeuroinmunología, disciplina científica que estudia las relaciones entre la mente y el cuerpo, cuando actuamos transgrediendo conscientemente principios y valores para satisfacer deseos, emociones y ambiciones, nuestro cerebro, por causa de la culpa y el remordimiento, silenciosamente produce hormonas como la adrenalina y el cortisol que pueden generar daños al organismo. Esos daños pueden ser insignificantes al principio, pero si insistimos en violar nuestros principios, nuestro cerebro puede sufrir daños significativos, como trastornos de la memoria, ansiedad, depresión, ausencia de paz, irritabilidad, insomnio o alguna alteración relacionada con otra parte del cuerpo, como bronquitis asmática, úlcera gástrica, dermatitis o problemas cardíacos.
«No valió la pena. ¡Cómo me gustaría poder hacerlo todo de nuevo! Lo haría tan distinto esta vez …». Así terminaba el desahogo de varias personas que me abrieron su corazón. Aunque primero obtuvieron placer al hacer algo que iba contra sus conciencias, luego terminaron en la infelicidad, el estrés y la enfermedad. Por eso, no importa dónde sea ni el motivo que sea, nunca renuncies a tus principios.
Cuando respetamos nuestros valores morales, dejándonos guiar por una conciencia iluminada por la verdad, promovemos la salud, fortalecemos nuestro sistema inmune (el que nos defiende de la enfermedad), protegemos nuestro organismo y caminamos seguras.

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026



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