1 de febrero del 2026 | Devoción Matutina para Adolescentes 2026 | ¡Gané un millón!

LAS RIQUEZAS NO SERVIRÁN PARA NADA EN EL DÍA DEL JUICIO (PROVERBIOS 11:4).

Estuve en la Torre CN, una de las mayores atracciones de la ciudad de Toronto, en Canadá. Era de noche, estaba solo y quería subir a observar la inmensidad de aquella metrópoli. Entré al ascensor, que subiría 120 pisos, y llegó otro caballero. Vestía ropa oscura, se sostenía con un bastón de oro y usaba anillos que el dinero que tuve en toda mi vida no podría comprar. Reconocí su rostro, pero me quedé en silencio.
Allá arriba, la impresionante imagen de la civilización a mis pies era asombrosa. Ni siquiera me di cuenta de que el hombre se acercó a mí, hasta que me dijo: «Hola, ¿me reconociste?». Le respondí afirmativamente porque recordé haber visto su rostro en las revistas de negocios de los hombres más ricos del mundo. Y continuó: «Sabes, al verte embelesado con la visión del mundo resplandeciente, me caíste bien porque no me pediste nada, así que te haré una oferta». Mi corazón se aceleró. No podía creer que, en el punto más alto de Toronto, un multimillonario me daría algo.
«Estoy dispuesto a darte un millón de dólares, ¡ahora mismo! ¿Aceptas?». ¡Mi corazón se detuvo! Sentí como si mi mentón hubiera tocado la punta de mis zapatillas y tartamudeé: «¿Un mi-millón? ¡S-s-sí!». Aquel hombre sonrió, se quitó su lujoso sombrero dejando al descubierto su cabellera impecable y, mirándome a los ojos, advirtió: «Solo hay una condición: debes gastar el dinero en un año. ¿Estás de acuerdo?». Pensé, calculé, imaginé cómo invertir un millón de dólares en 54 semanas y acepté, entre más tartamudeo.
Luego, el hombre concluyó: «Exactamente después de un año, nos volveremos a encontrar en este mismo lugar y saltarás desde aquí arriba. ¿Lo prometes?». Sentí un escalofrío, dejé de tartamudear y, tratando de controlar los nervios, respondí: «Señor, tome su dinero y guárdelo. ¡No estoy loco para hacer algo tan tonto!». El hombre sonrió, se dio la vuelta y su silueta se desvaneció lentamente en la oscuridad de la noche.
¿Qué clase de oferta ridícula es esa? ¿Quién cambiaría decenas de años de vida por un año que vale un millón? Nadie disfrutaría un solo segundo de sus sueños si tiene que pensar en la pesadilla del momento de saltar, porque la vida vale mucho más que todo el dinero de la tierra. Este encuentro nunca sucedió, pero escuché esta ilustración relatada por un amigo y nunca la he olvidado. No renuncies a vivir más tiempo con Dios, a pesar de las tentaciones del dinero fácil. Serás feliz y vivirás más tiempo.
Ah, y si quieres ganar un millón, ¡trata de ganarlo trabajando de verdad!
========================
DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2026



(98)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*