Viernes 29 de septiembre 2017 | Devoción Matutina para Jóvenes | Darwinismo social

“Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse” (Filipenses 2:5,6, NTV).

Ese 29 de septiembre de 1916, por primera vez en la historia, un hombre lograba amasar una fortuna de mil millones de dólares, cuando esa cifra era mucho más valiosa Era el empresario inversionista John D. Rockefeller, fundador y presidente de la Standard Oil, gigantesca compañía que controlaría la extracción, el refinamiento, el transporte y la distribución de más del 90 % del petróleo de Estados Unidos.
Figura mítica, es el hombre más acaudalado de la historia mundial, y fundador del clan de millonarios Rockefeller. Su familia sigue controlando la industria petrolífera, por más de seis décadas posteriores a su muerte. Rockefeller adoptó prácticas monopolizadoras y agresivas hacia los competidores. Esta actitud de dominación y crecimiento monopólico raya en el darwinismo social: solo triunfan los mejores. Así lo expresó Rockefeller: “El crecimiento de un gran negocio es, simplemente, la supervivencia del más apto […]. La bella rosa estadounidense solo puede lograr el máximo de su esplendor y perfume, que nos encantan, si sacrificamos a los capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia maligna en los negocios. Es, más bien, solo la elaboración de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios”.
La amalgama entre el capitalismo salvaje y el darwinismo social tienen su máxima expresión en esa frase, en un contexto en que el darwinismo social ganaba adeptos. La mayor expresión de esta filosofía fue el monstruo del nazismo, que aniquiló millones bajo la idea de la supervivencia del más apto. Lo peligroso de aquella idea es aseverar que la supervivencia del más apto es una ley divina, cuando nada podría ir más en contra del carácter de Dios y su Ley de amor. Justificar su práctica capitalista salvaje de aniquilación de adversarios en una “ley de Dios” fue la peor de sus conductas.
¿Qué lleva a un hombre a seguir destrozando competidores, cuando tiene más dinero de lo que él y cuatro o cinco generaciones podrían gastar? ¿Cuál es el límite de la ambición? Rockefeller decía guiarse por una ética bíblica de origen calvinista, pero su amor al dinero y sus prácticas financieras lo contradecían. Bíblicamente, lo importante es lo que podemos dar en servicio a los demás, no lo que podemos recibir y acumular hasta más no poder, o hasta el límite de despojar a otros de su necesario sustento.
Hoy, decide seguir el ejemplo de Cristo, que se despojó a sí mismo y dio su vida en rescate por muchos. Llegó a ser hombre, siervo y humilde, solo para rescatarnos. MB

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2017
UN DÍA HISTÓRICO
Pablo Ale – Marcos Blanco
Lecturas devocionales para Jóvenes 2017

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