Viernes 24 de febrero 2017 | Devoción Matutina para Damas 2017 | Becas enviadas por Dios


“¡Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración ni de mí su misericordia!” (Sal. 66:20).

Mi abuela era la persona más maravillosa del mundo. Solía llevarme con ella a reuniones en las que impartía estudios bíblicos a personas en sus casas. Antes de que yo cumpliera diez años, iba frecuentemente con ella a la iglesia los domingos y los miércoles por la noche. Esta piadosa mujer me inculcó no solo el temor de Dios, sino también el amor por él y la confianza en el poder de la oración.
No éramos ricos en bienes materiales, pero lo éramos en fe y confianza en Dios. Como ambiciosa adolescente, deseé ampliar mi educación, pero no tenía los medios para ello.
Un día, el pastor de nuestra iglesia visitó nuestra casa y me preguntó:
-Jovencita, ¿tienes pensado ir a la universidad?
-¡Sí! -respondí en el acto- Pero de momento no dispongo del dinero.
Habiendo impartido clases en una de las escuelas de nuestra iglesia, tenía derecho a una beca para dos años de estudios.
Después de seguir el consejo de mi pastor de solicitar una beca, mí abuela me animó. Ayunó y oró conmigo para que prosperase la solicitud. Por la gracia de Dios, el comité de becas resolvió favorablemente y recibí una beca completa para la Universidad del Sur del Caribe.
Muchas fueron las valiosas lecciones que aprendí y las amistades que fragüé. Mi relación con Dios se hizo más sólida, lo mismo que mí deseo de servir, en respuesta n su amor por mí.
Al diplomarme, fui destinada al área de su viña que el Señor había previsto para mí. Después de dos años de servicio en esa isla, nuestro pastor, recién designado director de Educación, se despidió de los miembros de su congregación.
Antes de marcharse, le dije: “Pastor, algún día me gustaría obtener un título de licenciada. Cuando usted asuma el cargo, acuérdese de mí”.
Él me sugirió que solicitara otra beca. De nuevo, Dios me bendijo, esta vez con una ayuda para la Universidad del Norte del Caribe, en la cual me pude licenciar en Educación.
Dios me ha proporcionado educación cristiana hasta el nivel superior. Al igual que mi abuela me sirvió como modelo del amor de Dios, yo actualmente trato de hacer lo mismo con mis nietos, animándolos en sus metas educativas y ayudándolos o financiar sus estudios.
Hyacinth V. Caleb

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017
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