Viernes 2 de noviembre 2018 | Devoción Matutina para Jóvenes | Sé tú el mensaje

«Que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aun cuando no lo sea». 2 Timoteo 4: 2

Era una fresca mañana de invierno. Me encontraba viajando en mi automóvil cuando noté a la distancia dos motocicletas que se acercaban a gran velocidad. Eran unas BMW 1200. «¡Qué máquinas!», pensé, mientras escuchaba el rugido que solo esas bellezas podían producir. Entonces noté que uno de los conductores no divisó el reductor de velocidad que había en la carretera. Cuando se percató, ya era demasiado tarde y frenó abruptamente, presa del pánico. Lo que ocurrió después pareció una escena sacada de una película: el conductor perdió el control de la motocicleta, cayó al suelo y rodó por el pavimento; la motocicleta, por su parte, siguió su curso y se estrelló contra mi vehículo, destrozándole ambas puertas del lado del conductor.

Quedé aterrado ante lo sucedido. Verifiqué que el conductor de la motocicleta, que luego me enteré de que se llamaba Francisco, no se hubiese lesionado de gravedad. Luego le pregunté: «¿Quieres que te lleve al hospital?». «Sí, por favor», contestó. Al momento de entrar al auto Francisco se percató de los daños que mi vehículo había sufrido. «No te preocupes —comentó—, yo cubriré todos los gastos de reparación». Asentí con la cabeza y agradecí en silencio a Dios.

Mientras nos dirigíamos al hospital tuve tiempo suficiente para compartir mi fe con Francisco, que de otro modo quizás no hubiese tenido la oportunidad de escuchar el mensaje adventista. ¿Qué crees que le impactó más? ¿Mi actitud de servicio o el mensaje que le prediqué? Obviamente mis acciones allanaron el camino para que el evangelio pudiese tocar su corazón.

Ya lo decía Dale Camegie en su libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas: «Interésese sinceramente en los demás» (p. 46). Si bien es cierto que la gente necesita conocer el mensaje de salvación, no es menos cierto que primero deben saber que queremos su bien. Después de todo, ese fue el método de Cristo. Él «trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía a sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: “Sígueme”» (El ministerio de curación, cap. 9, p. 86).

Tú y yo no solo tenemos la misión de llevar un mensaje al mundo. Nosotros mismos hemos de ser ese mensaje. Servir a nuestro prójimo con amor es el mejor sermón que podemos predicar.

¿Te gustaría ser un mensaje de amor? Te invito a empezar hoy mismo.

Dorian Santana, República Dominicana

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018

365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ

Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

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