Viernes 2 de diciembre 2016 | Devoción Matutina para Jóvenes 2016 | Elena tenía razón


“Llámame y te responderé, y te anunciaré cosas grandes y misteriosas que tú ignoras” (Jeremías 33:3).

David Servan Schreiber era un médico francés a quien, mientras estudiaba Psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh, con apenas 31 años, le diagnosticaron un tumor cerebral maligno. Tras la operación, lo sometieron a un estricto tratamiento de quimioterapia. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de la ciencia, la enfermedad reapareció. Con mucha preocupación le preguntó al cirujano qué podía hacer para evitar que la enfermedad siguiera propagándose. El médico le dijo claramente que no había nada que la ciencia pudiera hacer por él.

Como David tenía acceso a las bases de datos de la Universidad de Pittsburgh, se dedicó a investigar en la bibliografía científica cómo podía curar el cáncer. Viajó por muchos países estudiando sus costumbres y la incidencia del cáncer en sus poblaciones. Su intención era encontrar el modo de prevenir y sanar los tumores malignos. Documentó su búsqueda y sus hallazgos en el libro que tituló Anticáncer. Posteriormente, su obra fue traducida a 35 idiomas y vendió más de un millón de ejemplares. Entre sus hallazgos se destaca el papel del azúcar:

  • “Se ha demostrado que el metabolismo de los tumores malignos depende en gran medida del consumo de glucosa. La explosión del consumo de azúcar contribuye a la reciente epidemia de cáncer”.

  • “Nuestro cuerpo no está adaptado a unos niveles de azúcar tan elevados como los que se consumen actualmente”.

  • “El azúcar funciona como fertilizante para los tumores, haciendo que crezcan más rápidamente por medio de la angiogénesis, que es la proliferación de vasos sanguíneos en los tumores, lo que les permite crecer más rápido”.

¿Por qué son relevantes estas declaraciones? Pues porque varias décadas antes ya Elena de White había escrito: “El consumo abundante de azúcar en cualquier forma tiende a recargar el organismo, y con frecuencia es causa de enfermedad” (Consejos sobre alimentación, cap. 11, p. 165). Elena nunca pretendió ser científica, aunque sus consejos sobre salud, educación, psicología y otros temas han demostrado ser más que conjeturas o teorías de la época. Investigaciones recientes, como las observaciones de David Servan Schreiber, confirman que las declaraciones de Elena son ciertas. ¿La razón? Ella obtuvo sus conocimientos de la Fuente de la ciencia: Dios. Por eso, como adventista, me siento orgulloso de decir: “Elena tenía razón”.

#CreoenlosProfetas #OjoconelAzúcar

DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016

#VisitaMiMuro

Por: J. Vladimir Polanco

Lecturas devocionales para jóvenes 2016

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