Viernes 19 de agosto 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | ¿Quién más podría ser mi Padre?

Dios es amor, y el que vive en el amor, vive en Dios. Apóstol Juan

Aquella tarde, la casa de Lisa Hermann estaba llena de niños. Entre ellos Senghor, un pequeño de veinte meses al que había adoptado recientemente. Una niña, un tanto confundida por la diferencia de raza entre madre e hijo, se acercó a Lisa y le preguntó: “¿Tú sabes que no eres su madre de verdad?” “¿Por qué dices eso?”, replicó Lisa. “Bueno, dicen que tú eres su mamá, pero… ¡no puedes serlo!”, insistió la pequeña. “¿Por qué no?”, insistió también Lisa. “Porque no se parece a ti”, fue el razonamiento de la niña. “Pero yo le doy de comer, le cambio los pañales, juego con él y le quiero. Esas son las cosas que hace una madre, ¿no?”, añadió Lisa. “Bueno, sí”, asintió la niña. “Entonces, ¿quién más podría ser su madre ?”*
Es verdad que hay conceptos difíciles de entender. Explicarle a una niña que se puede ser mamá de un niño que no es realmente tu hijo no es fácil, como tampoco lo es mostrar a un mundo degradado la pureza de vida que está a nuestro alcance en Dios; hacer entender a un mundo que no conoce a Dios como es realmente su carácter.
Asi, limitadas por los preconceptos, la educación, la cultura, los medios de comunicación y el entorno en general, se encuentran las personas que nos rodean; tan confundidas como una niña de seis años respecto a la verdadera identidad de nuestro Padre, porque sus hijos no nos parecemos a él tanto como cabría esperar. Tal vez la primera impresión que nosotros les causamos no les ayude a ver al Padre, pero está en nuestras manos ayudarlos a mirar un poco más en profundidad.
La Biblia indica claramente qué significa ser hijo de Dios; hagamos que nuestra vida sea un argumento tan aplastante a favor del cristianismo que nadie tenga dudas de quién, ni de cómo, es nuestro Padre. Si tenemos una fe que mueve montañas; hablamos con respeto, convicción y esperanza; actuamos movidas por la compasión; obedecemos como se nos pide que obedezcamos; y amamos no solo a nuestros amigos, sino especialmente a nuestros enemigos, ¿quién más podría ser nuestro Padre? Dejémoselo claro a quienes tienen dudas.

“Yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiquen. Asi ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo” (Mat. 5:44,45).

* El universitario, Julio-Septiembre de 2014 (Doral, Florida: APIA, 2014), p. 23.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
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