Viernes 18 de mayo 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Colaboradores de Cristo

«Llegaron cuatro hombres cargando a un paralítico en una camilla». Marcos 2: 3, NTV

Jesús eligió Capernaúm como centro provisional de operaciones misioneras. La Biblia menciona que se oyó decir que estaba en casa, no porque allí hubiera nacido, pues nació en Belén, ni porque fuera el lugar donde se crió, que fue Nazaret, sino porque allí pasaba la mayor parte del tiempo y de allí procedía la mayoría de sus discípulos.
Lucas menciona que cuando Jesús llegó a la casa, la encontró llena de personas procedentes de muchos lugares. Había fariseos y doctores de la ley que habían acudido desde Galilea, Judea y Jerusalén, y muchas otras personas interesadas en escuchar a Jesús y aprender de él. Otros fueron solo para criticarlo, y algunos para condenarlo por ejercer un poder que desconocían.
En esa casa, Jesús hizo uno de los milagros más notables de su vida: curar a un paralítico que dependió de la fe de otros para ser sanado.
Las casas de la época tenían las paredes de piedra, eran amplias, pero sin ventanas y con una puerta. Algunos comentaristas afirman que, probablemente, tenían agujeros en las paredes para mirar afuera, y que tenían una escalera exterior para acceder a la parte superior. No se conocen los nombres de las cuatro personas que llevaron al paralítico ante la presencia de Jesús ni cuál era su oficio o su origen; sin embargo, realizaron tres importantes acciones: se unieron para ayudar a su vecino en necesidad, vencieron todas las barreras que encontraron y creyeron que Cristo podía sanarlo y salvarlo.
«Como el leproso, este paralítico había perdido toda esperanza de restablecerse. Su enfermedad era resultado de una vida de pecado, y sus sufrimientos eran amargados por el remordimiento. Mucho antes, había apelado a los fariseos y doctores con la esperanza de recibir alivio de sus sufrimientos mentales y físicos. Pero ellos lo habían declarado fríamente incurable y abandonado a la ira de Dios. Los fariseos consideraban la aflicción como una evidencia del desagrado divino, y se mantenían alejados de los enfermos y menesterosos. Sin embargo, cuán a menudo los mismos que se exaltaban como santos, eran más culpables que aquellos dolientes a quienes condenaban» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 238).
Pongamos en práctica nuestra misión de colaborar con Cristo, ayudando al necesitado para que se encuentre con él.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
FUENTES DE VIDA
David Javier Pérez
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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