Viernes 12 de enero 2018 | Devoción Matutina Damas

Fue enterrado vivo

“¡Alabado sea el Señor! […] Alaben al Señor, porque el Señor es bueno” (Sal. 135:1-3).

EI martes 12 de enero de 2010, un terremoto de 7.0 en la escala de Richter sacudió Port-au-Prince, Haití, causando el colapso de muchos edificios y la muerte de más de trescientas mil personas. Muchas de ellas quedaron enterradas bajo los escombros. Al comienzo, los intentos de rescate fueron lentos, porque hubo que esperar a que llegaran al país expertos de otros lugares para ayudar. Comenzaron a desenterrar personas: algunas vivas y otras muertas. Para el tercer día, comenzó a desaparecer la esperanza. Era de conocimiento general que, sin agua ni comida, y a menudo con heridas, las personas comenzaban a morir bajo los escombros.

El séptimo día ocurrió un milagro. Desenterraron a un niño de ocho años ¡vivo! Miré por televisión el momento en que lo levantaban en el aire. Su rostro radiaba felicidad, tenía una sonrisa de oreja a oreja, y sus manos estaban elevadas hacia el Cielo en adoración y agradecimiento a Dios. Para mí fue una escena conmovedora. Su actitud casi parecía más importante que su rescate milagroso. Me conmovió hasta las lágrimas, y me hizo pensar.

Este niño, que estaba enterrado a tanta profundidad que tardaron siete días en llegar hasta él, debió de haber estado hambriento, sediento, débil y aterrado. ¡Sin duda se preguntó dónde estaban todos! Siete días equivalen a una semana, que son 168 horas o 10.080 minutos; ese es el tiempo aproximado que estuvo allí abajo. ¿Entró en pánico? ¿Era consciente del día y de la noche? ¿Lloró? Si lo hizo, era lógico. Pero al ser levantado y liberado, su rostro no mostró rastros de tortura o miedo. Él estaba eternamente agradecido de haber sido encontrado.

No pude evitar comparar al pequeño con muchas de nosotras. Nosotras también estamos enterradas bajo los escombros del pecado y del mal, causados por otro terremoto: las tentaciones de Satanás, que probablemente llegan a un grado de cien en la escala de Richter. A diferencia de ese niñito que no sabía si sería rescatado, nosotras sabemos que Jesús murió para rescatarnos. Y aun así, vamos por la vida malhumoradas, quejosas y desagradecidas, lamentando nuestra pobre y desdichada suerte. No puedo evitar preguntarme cómo hace sentir eso a Dios.

Es mi esperanza que recordemos que un día nosotras también seremos levantadas hacia la libertad eterna. Ojalá vivamos de tal forma que nuestros corazones estén preparados, y que nuestros rostros exhiban nuestra fe y gratitud a Dios, para que otros también sean atraídos a nuestro Señor y Salvador.

J0YCE O´GARRO

está jubilada. Trabajó como técnico de laboratorio y maestra de primaria y secundaria. A los ochenta años sigue enseñando piano.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018

BENDECIDA            

Ardis Dick Stenbakken

Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

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