Sábado 9 de julio 2016 | Devoción Matutina para Adultos 2016 | La lección de los suecos


La esperanza de los elegidos
“Ayúdense entre sí a soportar las cargas, y de esa manera cumplirán la ley de Cristo’’. Gálatas 6:2, DHH

LOS SUECOS TIENEN UN DICHO: “La alegría compartida es alegría por partida doble, y la pena compartida es media pena”. Cuando comparto contigo mi alegría, la duplico, y cuando comparto mi pena contigo, la parto por la mitad. Porque la vida se concibió para ser compartida, ¿no? Dios nunca nos hizo para que fuéramos Llaneros Solitarios. Entonces, ¿cómo podemos ayudarnos entre nosotros a soportar las penas y los problemas? ¿Qué tal estos tres simples pasos?
1. Tengo que salir de mi zona de confort. Por supuesto, nunca me resulta cómodo ir más allá de un contacto superficial contigo (ya sabes, el clima, las noticias), pasando a preguntarte cómo te va realmente y si puedo ayudar. Porque, una vez que pregunte, estoy obligado a actuar. Pero lo cierto es que, hasta que hagamos lo que no sale de forma natural de nosotros -inhalar profundamente, armarse de valor y preguntar: “¿Hay algo que pueda hacer por ayudarte?”-, nunca saldremos de nuestra esterilidad carente de riesgos ni nos convertiremos en la comunidad compasiva para cuya constitución fueron suscitados los elegidos.
2. Tengo que entrar en tu zona de cargas. Porque si yo no entro, tú no puedes salir. El corazón agobiado anhela que alguien levante esa pesada carga emocional, espiritual o económica. Nadie desea realmente sufrir en soledad. Quieres contarme lo de tu agobio, pero tienes miedo de atosigarme. Por eso precisamente necesitas que yo tome la iniciativa y acuda a ti.
3. Tengo que atraerte a mi zona de amistad. Aunque ello no quiera decir que lleguemos a ser uña y carne, sí quiere decir que te atraigo a mi propia comunidad. Puedo llamar a otros amigos que me acompañen para proporcionarte una pequeña comunidad nueva. Porque cuando la comunidad es más numerosa que nosotros dos solos, te das cuenta de que no soy una aberración ni una excepción, que Dios realmente tiene, de verdad, una familia “mutualista” de hermanos y hermanas para ti.
¿De dónde salieron estos tres pasos? Sencillo: son los tres pasos que dio Jesús para llevar nuestras cargas. Salió de su zona de confort en el cielo. Entró en nuestra zona de cargas de la tierra y el pecado. Y luego llevó a su amistad a todas las personas con las que se relacionó: “Con amor eterno te he amado”; “Venid a mí”; porque “os he llamado amigos” (Jer. 31:3; Mat. 11:28; Juan 15:15). No es de extrañar que dijeran de él: “Este recibe a los pecadores y come con ellos” (Luc. 15:2). Lo cierto es que con los pecadores Jesús construía una comunidad. Y no es menos cierto que nunca tendremos comunidad hasta y al menos que hagamos lo mismo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2016
ELEGIDOS
El sueño de Dios para ti
Por: Dwight K. Nelson
Lecturas devocionales para Adultos 2016
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