Sábado 30 de junio 2018 | Devoción Matutina Adolescentes

¡Que se derrame!

Devoción matutina para adolescentes 2018 Un año en la Palabra Dwain Neilson Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

Devoción matutina para adolescentes 2018
Un año en la Palabra
Dwain Neilson
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

Salmos 131-135

¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! (Salmo 133:1).

El rey David escribió ese versículo, y no puedo menos que preguntarme qué pensaba cuando lo escribió. David tenía siete hermanos, todos mayores que él, y tuvo algunas dificultades con ellos; por ejemplo, cuando se acobardaron contra Goliat y los filisteos.

David apareció justo a tiempo para ver cómo Goliat insultaba a los israelitas. Cuando Eliab, su hermano mayor, lo escuchó hablar de Goliat con los otros soldados, gritó: “¿Qué has venido a hacer aquí? ¿Con quién has dejado esas pocas ovejas en el desierto? Yo te conozco. Eres un atrevido y malintencionado. ¡Seguro que has venido para ver la batalla!” (1 Sam. 17:28). En realidad, Eliab estaba presente únicamente para ver la batalla. David había ido a pelear.

¿Captas el odio? Eliab le gritó a David porque estaba ahí, menospreció sus habilidades como pastor, y lo llamó “malintencionado”.

Si tienes hermanos, alguna vez tendrán algún desacuerdo. David sabía lo agradable que era estar bien con sus hermanos, pero rara vez lo disfrutó. Por supuesto, David no fue el único que escribió acerca de la unidad familiar. Puesto que todas las personas son hermanos y hermanas (pues tienen un solo Padre, Dios), David creyó que debemos amarnos unos a otros. David también escribió que cuando las personas viven juntas, en armonía, “es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba” (Sal. 133:2). ¡Qué extraña comparación!, ¿verdad? Pero esa metáfora tuvo una razón.

En tiempos de David, nada era más sagrado que el derramamiento de aceite sobre la cabeza. Nada tenía que ver con la resequedad del cuero cabelludo y el control de la caspa. El aceite que un sacerdote o profeta derramaba sobre la cabeza, era un símbolo del Espíritu de Dios que se derramaba sobre alguien. Significaba que esa persona era apartada para un propósito santo, especial. David sabía cómo se sentía el que recibía la bendición del ungimiento para el servicio de Dios (1 Sam. 16:11-13).

Cuando los hermanos y hermanas viven juntos, en armonía, la bendición de  Dios reposa sobre ellos. Si tienes algún drama con un familiar, cambia tu actitud, busca soluciones, ¡y recibirás una bendición!

 

NO DEJES DE LEER

¿Qué clase de actitud tienen las personas que sirven a Dios? ; Salmo 134.

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