Sábado 3 de noviembre 2018 | Devoción Matutina para Jóvenes | Respuesta instantánea

«No son ustedes los que van a pelear esta batalla. Tomen posiciones, esténse quietos y verán cómo el Señor los librará». 2 Crónicas 20: 17

Mientras estudiaba tuve la oportunidad de trabajar como monitor en el internado de adolescentes de la Universidad Adventista Dominicana. Cierto día, uno de mis compañeros monitores le prohibió a uno de los chicos, Jason, asistir al paseo que tendríamos esa tarde. Aquel no era un paseo cualquiera, era el tan anhelado día de piscina de fin de semestre, esperado porque brindaba la oportunidad perfecta para que los chicos y chicas disfrutaran de un momento inolvidable fuera del campus.

Como Jason no podía salir, uno de los monitores debía quedarse en el campus cuidándolo. Me sentí desconcertado cuando me informaron que esa sería mi tarea. Confieso que la idea de quedarme solo con Jason era espeluznante, creo que este es el momento adecuado para aclarar que aunque Jason era un «adolescente», medía 1,73 metros de altura y pesaba unas doscientas libras. Se había criado en los ghettos del Brooklyn, donde participó en más de una pelea callejera y no estaba dispuesto a someterse a ninguna autoridad.

Inmediatamente llegó el autobús que transportaría a los muchachos al club, se encendió la cólera de Jason. Lo invité a calmarse y entrar a su habitación, pero no tuve éxito. Su mirada me indicó que estaba decidido a hacer lo peor: darse a la fuga. En un abrir y cerrar de ojos corrió hacia la puerta principal, pero no consiguió salir, así que prosiguió hacia la otra salida. En ese momento oré: «¡Señor, por favor ayúdame, no sé qué hacer!».

Acto seguido vi cómo Jason resbaló y cayó en el césped. Rápidamente me coloqué sobre su abdomen, tratando de sujetarlo. Jason empezó a forcejear y cuando estaba a punto de lanzarme al suelo me llegó a la mente la idea de hincar mi barbilla en su costado y hacerle cosquillas. Jason empezó a reír incontrolablemente y cuando llegaron mis amigos a ayudarme, aquel «mastodonte» estaba rendido, indefenso y rogando que ¡ya no más!

Aunque el incidente parezca inofensivo lo comparto porque estoy convencido de que no importa el problema o la necesidad que le presentemos al Señor, la respuesta siempre está más cerca de lo que pensamos.

Recuerda hoy que «la distancia entre tu problema y su solución es proporcional a la distancia que exista entre tus rodillas y el suelo».

José Julián Tolentino,República Dominicana

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018

365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ

Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

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