Sábado 26 de mayo 2018 | Devoción Matutina Jóvenes

Escudo protector

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018 365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«Solo él puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales, pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro.

¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!». Salmo 91: 3-4

Era un sábado alegre, como cualquier otro. Una hermana nos había invitado a almorzar a su casa y habíamos aceptado la invitación. Al finalizar el culto divino fuimos a llevar unos hermanos a sus respectivos hogares, usando un microbús. Al finalizar fuimos a casa de la hermana que nos había invitado a almorzar. Cuando llegamos nos apeamos del vehículo y empecé a llamar a la puerta de la casa.

Mientras esperábamos, escuché a mi hermano gritar: «¡Agáchense!» y en eso volví la mirada hacia mi familia y pude ver á cuatro jóvenes, dos de los cuales estaban disparando en dirección de donde nos encontrábamos. En ese momento quedé frió del miedo. Mi hermano volvió a decir: «¡Agáchense!». En eso, pude ver cómo una mano haló a mi cuñada hacia un costado y hacia el suelo y en ese preciso momento mi mano izquierda cubrió mi rostro y sentí un fuerte impacto en el dorso de mi muñeca izquierda. Sentí trozos de vidrio golpeando mi rostro y luego caí al suelo. En ese instante me vi la mano y no pude ver mi dedo anular. Empecé a llorar, levanté la mano y pude ver mi dedo retorcido y desfigurado.

Salimos a toda prisa rumbo al hospital. Una vez allí, el médico no me quiso atender, pues pensaba que yo era un delincuente. Después de mucho insistir y no conseguir la atención médica necesaria pedimos que me trasladaran a otro hospital. Allí me sometieron a una cirugía que duró siete horas. Al final todo salió bien y hoy llevo una vida normal.

¿Qué sucedió aquel día? No sé a ciencia cierta, pero creo que un ángel haló a mi cuñada. También creo que un ángel levantó mi mano para que la bala impactara allí y no en mi rostro. Aquel día pude haber muerto, pero Dios preservó mi vida. Su fidelidad fue mi escudo. Hoy enfrentarás diversos peligros, visibles e invisibles, pero no debes tener miedo pues Dios ha prometido ser tu escudo y librarte de las trampas ocultas y las plagas mortales.

¡Confía siempre, en todo momento y circunstancia, en Dios!

Boris Argueta Figueroa, El Salvador

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