Sábado 26 de mayo 2018 | Devoción Matutina Adolescentes

No te oigo, la tele está demasiada alta

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018 ¿Y entonces…? Heather Quintana Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018
¿Y entonces…?
Heather Quintana
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

«Pero yo me hago el sordo, como si no oyera nada: como si fuera mudo, no abro la boca» (Salmo 38: 13).

Hay días en que desearía que el Señor me enviara un mensaje, me llamara por Skype o que quedáramos para ceñar. Pienso que sería mucho más fácil seguirlo si los dos pudiéramos sentarnos e intercambiáramos opiniones durante un rato. Yo diría que es la versión más extrema de las relaciones a distancia: él está por ahí y yo estoy aquí.

Por supuesto, Dios encuentra muchas maneras de hablar con nosotros. Lo hace a través de la oración y la reflexión, de las Escrituras, de la naturaleza, de la gente buena y del Espíritu Santo. Cuando no lo escuchamos, el problema a menudo no es que él se mantenga en silencio, sino que nuestra vida «tiene el volumen demasiado alto». Como muchas personas, tengo que luchar contra mi adicción al ruido, es decir, la tentación de llenar cada minuto de silencio con algún tipo de estímulo como música, Internet o la televisión. Y, sin duda, esto puede convertirse en un problema cuando intento escuchar a Dios. ¿Cómo podría escucharlo si en mi vida el ruido es constante?

En I Reyes 19 encontramos la historia del profeta Elias cuando huyó para salvar su vida después de un temible encuentro con Jezabel. Terminó en el desierto, deprimido y al borde del suicidio. El Señor le pidió que saliera y se quedara de pie en la montaña, pues él iba a pasar por allí. Entonces se levantó un fuerte viento, después un terremoto y después se produjo fuego, pero Elias no escuchó a Dios en ninguno de aquellos elementos. Sin embargo, la Biblia dice que «después del fuego se oyó un sonido suave y delicado» (I Reyes 19: 12). Fue entonces, en aquel susurro, más que durante el caos y el ruido, cuando Elias pudo escuchar la voz de Dios.

Si quieres escuchar la voz de Dios, lo primero que debes hacer es agarrar el mando a distancia de la música o de la televisión y quitar del todo el sonido para que el Señor no tenga que gritar.

 

Ponlo en práctica: Pasa un tiempo en silencio cada día. Mantente en silencio durante un rato cuando te estés arreglando para ir a la escuela, cuando te estés duchando o al final del día.

Ponlo en oración: Elimina todo tipo de ruido y empieza a orar, y en lugar de solo hablar, asegúrate de que dedicas un tiempo a escuchar.

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