Sábado 2 de junio 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Bartimeo busca a Jesús

«Al oír que era Jesús de Nazaret, el ciego comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!”». Marcos 10: 47, DHH

En cierta ocasión, Cristo y sus discípulos viajaron a Jericó. La Biblia dice que, al salir de la ciudad, una gran multitud los seguía. Junto al camino pedía limosnas Bartimeo, hijo de Timeo, un hombre con dos grandes problemas: era ciego y muy pobre. Él oyó del mensaje de Jesús, de sus milagros y de su amor por las personas que le pedían ayuda, y cuando supo que Jesús iría a Jericó decidió aprovechar la oportunidad.

«Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí», gritó. Era la sincera oración de un necesitado que clamaba desde su oscuridad en busca de ayuda. Muchos lo reprendieron para que callara, pero en lugar de eso, Bartimeo gritó aún con más fuerzas: «Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí». El clamor de nuestra oración llega hasta Jesús y él nos escucha; no hay oración que él no pueda oír.

Junto a Jesús caminaba un grupo de personas egoístas que no querían que otros también fueran bendecidos por el Señor y, por eso, pedían al ciego que se callara y no lo molestara. Muchas veces encontramos gente en la iglesia que, en lugar de animar, desalientan; ponen barreras a los más débiles en la fe y, a veces, provocan que dejen de seguir a Jesús. Sin embargo, nada se interpuso en el propósito de Bartimeo. Haciendo caso omiso de lo que le ordenaban, gritó aún más fuerte pidiendo auxilio a Cristo, pues quería lograr a toda costa la meta que se había puesto: tener un encuentro con Jesús.

Robert Fulton construyó el primer barco a vapor en 1803. Cuentan que, cuando el Clermont fue llevado al mar, muchos espectadores se aglomeraron en la orilla y, tras varios intentos fallidos de los marineros, comenzaron a decir: «Nunca navegará, nunca navegará». Sin embargo, después de varias horas de trabajo, el barco logró zarpar en medio de una extensa nube de vapor. Atónitas, las mismas personas comenzaron a decir: «No podrá detenerse, no podrá detenerse».

A pesar de las barreras que Bartimeo encontró al buscar a Jesús, finalmente pudo verlo, conocerlo y recibirlo como su Salvador personal. Usted y yo podemos hacer lo mismo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

FUENTES DE VIDA

David Javier Pérez

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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