Notas de Elena | Sábado 9 de julio 2016 | Justicia y misericordia en el Antiguo Testamento (parte I) | Escuela Sabática


Sábado 9 de julio
Mediante Cristo la tierra está conectada con el cielo, porque él es la escalera mística que Jacob vio en visión en Betel. Cuando nos separamos de Dios, Cristo vino para reconciliamos con el Padre. Con amor compasivo colocó su brazo humano alrededor de la raza caída, y con su brazo divino se aferró del trono del Infinito, conectando así al hombre finito con el Dios infinito. Mediante el plan de salvación estamos unidos con las agencias del cielo. Gracias a los méritos de un Redentor crucificado y resucitado podemos levantar la vista y contemplar la gloria de Dios que alumbra del ciclo a la tierra. Deberíamos estar agradecidos de Dios por el plan de salvación. Hemos recibido muchas clases de bendiciones y por agradecimiento deberíamos darle a Dios nuestros corazones indivisos.
Es triste que estemos tan lejos de Cristo debido a nuestra indiferencia hacia los intereses eternos; tampoco vemos la gloria de Dios que brilla sobre cada peldaño de la escalera; no ascendemos confiados en Cristo realizando progresos en la vida divina. Si lo hiciéramos, reflejaríamos la imagen de Cristo, teniendo pureza de carácter y siendo luces en el mundo. Deberíamos contemplarlo constantemente, hasta quedar prendados de las gracias de su carácter; entonces no dejaríamos de hablar de él y de su amor. Entonces deberíamos poseer las bendiciones eternas que el mundo no puede damos ni quitamos, a la vez que perder nuestro gusto por el pecado (Exaltad a Jesús, p. 233).
La obra de Cristo debe servimos de ejemplo. Continuamente iba de un lugar a otro haciendo bienes. En el templo y en la sinagoga, en las calles de las ciudades, en los mercados y en los talleres, a la orilla del mar y sobre los montes, predicaba el evangelio y sanaba a los enfermos. Su vida de servicio desinteresado debe servimos de manual. Su tierno amor compasivo condena nuestro egoísmo y la dureza de nuestro corazón.
Doquiera fuera, Jesús esparcía bendiciones a su paso. Entre los que profesan creer en él, ¿cuántos hay que han aprendido sus lecciones de bondad, tierna compasión y amor desinteresado? Oídle dirigiéndose a los que están débiles, cansados y desvalidos: ‘”Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Nada podía cansar su paciencia, ni reprimir su amor.
El Salvador nos invita a realizar esfuerzos pacientes y perseverantes en favor de millones de personas esparcidas en todo el país, que perecen en sus pecados como náufragos en una playa desierta. Los que quieran participar de la gloria de Cristo deben también tomar parte en su ministerio y ayudar a los débiles, a los desdichados y desanimados.
Hagan de la vida de Jesús su estudio constante aquellos que emprenden esta obra (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 26).
“La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).
Vuestra fortaleza y vuestro crecimiento en la gracia provienen solo de una fuente. La victoria es vuestra si os ponéis valientemente del lado de lo correcto cuando sois tentados. Estáis un paso más cerca de la perfección del carácter cristiano. Una santa luz del ciclo llena las cámaras de vuestra alma, y quedáis rodeados por una atmósfera pura y fragante (La maravillosa gracia de Dios, p. 304).

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