Notas de Elena | Sábado 4 de marzo 2017 | El Espíritu Santo, la Palabra y la oración | Escuela Sabática


Sábado 4 de marzo
Cuando Jesús se inclinó en la orilla del Jordán y elevó su petición, la humanidad fue presentada ante el Padre por Aquel que había revestido su divinidad con humanidad… La oración de Cristo en favor de la humanidad perdida se abrió camino a través de todas las sombras que Satanás había proyectado entre el hombre y Dios, y dejó un claro canal de comunicaciones hasta el mismo trono de la gloria. Las puertas fueron dejadas entreabiertas, los cielos fueron abiertos y el Espíritu de Dios —en forma de una paloma— circundó la cabeza de Cristo y se oyó la voz de Dios que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Se oyó la voz de Dios en respuesta a la petición de Cristo, lo cual le asegura al pecador que su oración hallará cabida en el trono del Padre. Se les dará el Espíritu Santo a los que buscan su poder y su gracia, y él nos ayudará en nuestras debilidades cuando tengamos una audiencia con Dios. El cielo está abierto para nuestras peticiones, y se nos invita a ir “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar tracia para el oportuno socorro”. Debemos ir con fe, creyendo que obtendremos las mismas cosas que pedimos a Dios (Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1054).
Dios conoce los deseos del alma. Pero nuestro pueblo, que tiene el gran tesoro de la Palabra de Dios frente a sí, no se da cuenta de ello… Se necesita buscar a Dios, no… de vez en cuando, sino continua y fervorosamente, con confesión y humillación del alma ante Dios. Su pueblo debe presentarse en la sala de audiencias del Altísimo… Dios comprende que Ud. lo necesita, y si lo pide, recibirá ayuda en las tentaciones y pruebas. Sus peticiones, manifestadas solo al Dios que escudriña el corazón, serán oídas y contestadas (Alza tus ojos, p. 331). Quebrántese vuestro corazón por el anhelo que tenga de Dios, del Dios vivo. La vida de Cristo ha mostrado lo que la humanidad puede hacer participando de la naturaleza divina. Todo lo que Cristo recibió de Dios, podemos recibirlo también nosotros. Pedid, pues, y recibiréis. Con la fe perseverante de Jacob, con la persistencia inflexible de Elias, pedid para vosotros todo lo que Dios ha prometido.

Dominen vuestra mente las gloriosas concepciones de Dios. Enlácese vuestra vida con la de Cristo mediante recónditos eslabones. Aquel que ordenó que la luz brillara en las tinieblas, desea brillar en vuestro corazón, para daros la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. El Espíritu Santo tomará las cosas de Dios y os las mostrará, transfiriéndolas al corazón obediente cual vivo poder. Cristo os conducirá al umbral del Infinito. Podréis contemplar la gloria que refulge allende el velo, y revelar a los hombres la suficiencia de Aquel que siempre vive para interceder por nosotros (Palabras de vida del gran Maestro, p. 115).

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