Notas de Elena | Sábado 4 de junio 2016 | Eventos de los últimos días | Escuela Sabática
Sábado 4 de junio
A fin de ser felices, debemos luchar por alcanzar aquel carácter que Cristo manifestó. Una notable peculiaridad de Cristo era su abnegación y benevolencia. Él no vino a buscar lo suyo. Anduvo haciendo bien, y esto era su comida y bebida. Siguiendo el ejemplo del Salvador, podemos estar en santa comunión con él; y tratando diariamente de imitar su carácter y seguir su ejemplo, seremos una bendición para el mundo, y obtendremos para nosotros contentamiento aquí y recompensa eterna en la otra vida. (El ministerio de la bondad, pp. 325, 326).
La iglesia es ahora militante. Actualmente arrostramos a un mundo en tinieblas, casi enteramente entregado a la idolatría. Pero se acerca el día cuando habrá terminado la batalla y la victoria habrá sido ganada. La voluntad de Dios ha de cumplirse en la tierra como en el cielo… Todos constituirán una familia dichosa, unida, vestida con las prendas de alabanza y de acción de gracias: con el manto de la justicia de Cristo. Toda la naturaleza, en su incomparable belleza, ofrecerá a Dios tributo de alabanza y adoración. El mundo quedará bañado en luz celestial. La luz de la luna será como la del sol, y la luz del sol siete veces más intensa que ahora. Los años transcurrirán alegremente. Y sobre todo las estrellas de la mañana cantarán juntas, y los hijos de Dios clamarán de gozo, mientras que Dios y Cristo declararán a una voz que “ya no habrá más pecado, ya no habrá más muerte”.
Estas visiones de la gloria futura, descriptas por la mano de Dios, deberían ser de gran valor para sus hijos…
Necesitamos tener siempre presente esta visión de las cosas invisibles. Así comprenderemos el verdadero valor de las cosas eternas y de las transitorias, y esto nos dará más poder para influir en los demás a fin de que vivan una vida más elevada (Conducción del niño, p. 538). La segunda venida del Hijo del Hombre ha de ser el tema maravilloso que se mantenga ante la gente. He aquí un tema que no debe descartarse de nuestros discursos. Las realidades eternas deben mantenerse ante la mente, y las atracciones del mundo aparecerán como son, completamente inútiles, como vanidades. ¿Qué hemos de hacer con las vanidades del mundo, sus alabanzas, sus riquezas, sus honores, o sus placeres?
Somos peregrinos y extranjeros que esperamos la bienaventurada esperanza, la manifestación gloriosa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y oramos por ella. Si creemos esto y lo manifestamos en nuestra vida práctica, ¡qué acción vigorosa inspirarán esta fe y esta esperanza; qué ferviente amor mutuo; qué vida cuidadosa y santa para la gloria de Dios; y en el respeto que manifestemos por la remuneración, qué nítidas líneas de demarcación nos distinguirán con evidencia del mundo!
La verdad de que Cristo viene debe ser mantenida ante toda mente (El evangelismo, p. 164).

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