Notas de Elena | Sábado 28 de mayo 2016 | Jesús en Jerusalén | Escuela Sabática
Sábado 28 de mayo
Jesús, que era servido por todos, vino a ser siervo de todos. Y porque ministró a todos, volverá a ser servido y honrado por todos. Y los que quieren participar de sus atributos, y con él compartir el gozo de ver almas redimidas, deben seguir su ejemplo de ministerio abnegado.
Todo esto abarcaban las palabras de Cristo: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. Tal era el propósito del rito que él estableció. Y dice: “Si sabéis estas cosas”, si conocéis el propósito de sus lecciones, “bienaventurados seréis, si las hiciereis” (El Deseado de todas las gentes, p. 607).
Cristo practicó en su vida sus propias enseñanzas divinas. Su celo nunca lo llevó a ser apasionado. Manifestó consecuencia sin obstinación, benevolencia sin debilidad, ternura y simpatía sin sentimentalismo. Era muy sociable y sin embargo poseía una reserva y dignidad que no estimulaban familiaridades indebidas. Su temperancia nunca lo llevó al fanatismo ni a la austeridad rigurosa. No se conformó a este mundo, y sin embargo no fue indiferente a las necesidades del más pequeño entre los hombres. Estaba despierto a las necesidades de todos (El evangelismo, p. 461).
En esta vida apenas podemos empezar a comprender el tema maravilloso de la redención. Con nuestra inteligencia limitada podemos considerar con todo fervor la ignominia y la gloria, la vida y la muerte, la justicia y la misericordia que se tocan en la cruz; pero ni con el mayor esfuerzo de nuestras facultades mentales llegamos a comprender todo su significado. La largura y anchura, la profundidad y altura del amor redentor se comprenden tan solo confusamente. El plan de redención no se entenderá por completo ni siquiera cuando los rescatados vean como serán vistos ellos mismos y conozcan como serán conocidos; pero a través de la edades sin fin, nuevas verdades se desplegarán continuamente ante la mente admirada y deleitada. Aunque las aflicciones, las penas y las tentaciones terrenales hayan concluido, y aunque la causa de ellas haya sido suprimida, el pueblo de Dios tendrá siempre un conocimiento claro e inteligente de lo que costó su salvación…
El misterio de la cruz explica todos los demás misterios. A la luz que irradia del Calvario, los atributos de Dios, que nos llenaban de temor respetuoso, nos resultarán hermosos y atractivos. Se ve que la misericordia, la compasión y el amor paternal se unen a la santidad, la justicia y el poder. Al mismo tiempo que contemplamos la majestad de su trono, tan grande y elevado, vemos su carácter en sus manifestaciones misericordiosas y comprendemos, como nunca antes, el significado de este conmovedor vocativo: “Padre nuestro”.
Se echará de ver que Aquel cuya sabiduría es infinita no hubiera podido idear otro plan para salvamos que el del sacrificio de su Hijo. La compensación de este sacrificio es la dicha de poblar la tierra con seres rescatados, santos, felices e inmortales. El resultado de la lucha del Salvador contra las potestades de la tinieblas es la dicha de los redimidos, la cual contribuirá a la gloria de Dios por toda la eternidad (¡Maranata: El Señor viene!, p. 364).

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