Notas de Elena | Sábado 21 de mayo 2016 | Ídolos del alma (y otras lecciones de Jesús)
Sábado 21 de mayo
En el capítulo dieciocho de Mateo está registrada otra lección de humildad. Estas lecciones en la Palabra son ofrecidas para nuestra admonición. Quienes se niegan a beneficiarse con ellas, no tienen excusa.
Los discípulos “vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:1-4).
Muchos no se dan cuenta de que al caminar humildemente con Dios nos ubicamos en una posición donde el enemigo no puede aventajamos… Solo cuando nos sometemos, como hijos obedientes, a ser enseñados y disciplinados, Dios puede usamos para su gloria (Reflejemos a Jesús, p. 253).
Satanás y sus huestes hacen guerra contra el gobierno de Dios. A todos los que tienen deseo de entregar su corazón al Señor y de obedecer sus requerimientos, Satanás tratará de hacerles sufrir perplejidades y de vencerlos con sus tentaciones, a fin de que se desalienten y renuncien a la lucha.
Nunca necesitamos una relación más íntima con Dios como hoy día. Uno de los mayores peligros que acosan al pueblo de Dios siempre ha sido el conformarse con las máximas y las costumbres mundanas. Los jóvenes especialmente están en constante peligro. Los padres y las madres debieran estar en guardia contra las artimañas de Satanás. Mientras él procura efectuar la mina de sus hijos, no se engañen los padres a sí mismos pensando que no hay un peligro particular. No den pensamiento y cuidado a las cosas de este mundo al paso que descuiden los intereses más elevados y eternos de sus hijos (Conducción del niño, pp. 443, 444).
El reino de Dios viene sin manifestación exterior. El evangelio de la gracia de Dios, con su espíritu de abnegación, no puede nunca estar en armonía con el espíritu del mundo. Los dos principios son antagónicos. “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente”…
No por las decisiones de los tribunales o los consejos o asambleas legislativas, ni por el patrocinio de los grandes del mundo, ha de establecerse el reino de Cristo, sino por la implantación de la naturaleza de Cristo en la humanidad por medio de la obra del Espíritu Santo. “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios”. En esto consiste el único poder capaz de elevar a la humanidad. Y el agente humano que ha de cumplir esta obra es la enseñanza y la práctica de la Palabra de Dios (El Deseado de todas las gentes, pp. 470, 471).

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