Notas de Elena | Sábado 18 de junio 2016 | Crucificado y resucitado | Escuela Sabática


Sábado 18 de junio
Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Imputa al Creador la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria que ha provocado, e induce a los hombres a considerar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Jesús había de desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, había de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras vicisitudes. “Por lo cual convenía que en todo fuese semejante a sus hermanos”. Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue “tentado en todo punto, así como nosotros”. Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba. Él dice: “Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón”. Mientras andaba haciendo bien y sanando a todos los afligidos de Satanás, demostró claramente a los hombres el carácter de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que para nosotros también es posible obedecer la ley de Dios (El Deseado de todas las gentes, pp. 15, 16).
Cristo puso de lado su ropaje real, su corona regia y su elevada autoridad, y descendió hasta las mayores profundidades de la humillación. Habiendo tomado sobre sí la naturaleza humana, hizo frente a todas las tentaciones de la humanidad y derrotó en nuestro beneficio al enemigo en todo sentido.
Hizo todo esto para poner a disposición de los seres humanos poder que les permitiera ser vencedores. “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Esto da a todos los que están dispuestos a seguirle. Pueden demostrar ante el mundo el poder que hay en la religión de Cristo para conquistar el yo.
Cristo dijo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). ¿Por qué no aprendemos diariamente del Salvador? ¿Por qué no vivimos en constante comunión con él, para que en nuestro trato unos con otros podamos hablar y actuar bondadosa y cortésmente? ¿Por qué no honramos al Señor manifestando ternura y amor unos por otros? Si hablamos y obramos en armonía con los principios del cielo, los incrédulos serán atraídos hacia Cristo mediante su asociación con nosotros (Testimonios para la iglesia, tomo 9, pp. 152, 153).

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