Notas de Elena | Sábado 14 de mayo 2016 | Pedro y la Roca | Escuela Sabática
Sábado 14 de mayo
Satanás y sus ángeles cegaron los ojos y ofuscaron la inteligencia de los judíos, excitando a los principales y a los gobernantes del pueblo para que le quitaran la vida al Salvador. Enviaron ministriles con orden de prenderlo; pero ellos, al verse en presencia de él, quedaron admirados de la simpatía y la compasión que lo embargaban frente al dolor humano. Lo oyeron animar con tiernas y amorosas palabras al débil y al afligido; y también lo oyeron impugnar con autorizada voz el poderío de Satanás y ordenar la emancipación de sus cautivos. Escucharon los ministriles las palabras de sabiduría que derramaban sus labios y, cautivados por ellas, no se atrevieron a echar mano de él…
Hasta entonces, la astucia y el odio de Satanás no habían desbaratado el plan de salvación. Se acercaba el tiempo en que iba a cumplirse el objeto por el cual había venido Jesús al mundo. Satanás y sus ángeles se reunieron en consulta y resolvieron incitar a la propia nación de Cristo a que clamase anhelosamente por la sangre de él y acumulase escarnio y crueldad sobre él, con la esperanza de que, resentido Jesús de semejante trato, no conservase su humildad y mansedumbre.
Mientras Satanás maquinaba sus planes, Jesús declaraba solícitamente a sus discípulos los sufrimientos por los cuales había de pasar: que sería crucificado y que resucitaría al tercer día. Pero el entendimiento de los discípulos parecía embotado, y no podían comprender lo que Jesús les decía (Primeros escritos, p. 161).
El fundamento del plan de salvación fue puesto con sacrificio. Jesús abandonó las cortes reales y se hizo pobre para que por su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos. Todos los que participan de esta salvación, comprada para ellos a tan infinito precio por el Hijo de Dios, seguirán el ejemplo del verdadero Modelo. Cristo fue la principal piedra del ángulo y debemos edificar sobre este cimiento. Cada uno debe tener un espíritu de abnegación y sacrificio. La vida de Cristo en la tierra fue una vida de desinterés: se distinguió por la humillación y el sacrificio. ¿Y podrán los hombres, participantes de la gran salvación que Cristo vino a traerles del cielo, negarse a seguir a su Señor y compartir su abnegación y sacrificio? Dice Cristo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”. “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:5, 2). El mismo principio vital, la savia que fluye a través de la vid, nutre los pámpanos para que florezcan y lleven fruto. ¿Es el siervo mayor que su Señor? ¿Practicará el Redentor del mundo la abnegación y el sacrificio por nosotros, y los miembros del cuerpo de Cristo se entregarán a la complacencia propia? La abnegación es una condición esencial del discipulado (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 366).

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