Notas de Elena | Miércoles 7 de septiembre 2016 | El pedido | Escuela Sabática


Miércoles 7 de septiembre:
El pedido

Era su vida una continua abnegación. No tuvo hogar en este mundo, a no ser cuando la bondad de sus amigos proveía a sus necesidades de sencillo caminante. Llevó en favor nuestro la vida de los más pobres; anduvo y trabajó entre los menesterosos y dolientes. Entraba y salía entre aquellos por quienes tanto hiciera sin que le reconocieran ni le honraran. Siempre se le veía paciente y alegre, y los afligidos le aclamaban como mensajero de vida y paz. Veía las necesidades de hombres y mujeres, de niños y jóvenes, y a todos invitaba diciéndoles: “Venid a mí” (Mateo 11:28). En el curso de su ministerio, dedicó Jesús más tiempo a la curación de los enfermos que a la predicación. Sus milagros atestiguaban la verdad de lo que dijera, a saber que no había venido a destruir, sino a salvar. Doquiera iba, las nuevas de su misericordia le precedían. Donde había pasado se alegraban en plena salud los que habían sido objeto de su compasión y usaban sus recuperadas facultades. Muchedumbres los rodeaban para oírlos hablar de las obras que había hecho el Señor. Su voz era para muchos el primer sonido que oyeran, su nombre la primera palabra que jamás pronunciaran, su semblante el primero que jamás contemplaran. ¿Cómo no habrían de amar a Jesús y darle gloria? Cuando pasaba por pueblos y ciudades, era como corriente vital que derramara vida y gozo por todas partes (El ministerio de curación, pp. 12, 13).
El Señor siempre da su obra al agente humano. Aquí está la cooperación divina y humana. En esto consiste en que el hombre actúe obedeciendo la luz divina que recibe. Si Saulo hubiese dicho: “Señor, no siento el menor deseo de seguir tus órdenes específicas para alcanzar mi salvación”, entonces, aunque el Señor hubiera hecho brillar diez veces más la luz sobre Saulo, habría sido inútil. La obra del hombre es cooperar con lo divino. Y el conflicto más duro y severo viene junto con el propósito y la hora de la gran resolución y decisión del ser humano de inclinar su voluntad y el rumbo de su vida ante la voluntad de Dios y el rumbo que Dios indica… El carácter determinará la naturaleza de la resolución y la acción. Lo que uno hace no está en armonía con los sentimientos o las inclinaciones, sino con la voluntad conocida de nuestro Padre que está en el cielo. Seguid y obedeced las directivas del Espíritu Santo (Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1058).
Pablo llevaba consigo durante su vida en la tierra la misma atmósfera del cielo. Todos los que se relacionaban con él experimentaban la influencia de su contacto con Cristo y su comunión con los ángeles. En esto reside el poder de la verdad. La influencia espontánea e inconsciente de una vida santa es el sermón más convincente que se puede predicar en favor del cristianismo. Los argumentos, aunque sean incontestables, pueden provocar solo oposición; pero un ejemplo piadoso tiene un poder que es imposible resistir (La historia de la redención, p. 333).

Comments

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*