Notas de Elena | Miércoles 29 de junio | Restauración en Jesús | Escuela Sabática


Miércoles 29 de junio: Restauración en Jesús
Nadie vive para sí. Ninguna vida es neutral en sus resultados…
Cada alma está bajo la obligación de vivir una vida cristiana. Nuestra personalidad, nuestros talentos, nuestro tiempo, nuestra influencia, nuestras capacidades, todo lo hemos recibido de Dios y le debe ser devuelto en servicio voluntario. El blanco y objeto de la vida no consisten en asegurarnos ventajas materiales transitorias sino asegurarnos las ventajas eternas. Dios reclama vuestra alma, vuestro cuerpo, vuestras capacidades, porque os ha comprado con su propia sangre preciosa y le pertenecéis… Nuestra vida no nos pertenece, nunca nos perteneció ni nos pertenecerá.
La pregunta importante es: ¿Está nuestra vida entretejida con la de Jesús? (La fe por la cual vivo, p. 32).
El alma imbuida con el amor de Jesús… gusta de contemplar a Jesús, y contemplándolo, será transformada a su semejanza. Cristo, la esperanza de gloria, se forma en el interior. Su confianza aumenta…
y su amor se profundiza y amplía, a medida que tiene la seguridad de que mora en Cristo, y Cristo en él… Y nosotros podemos volvernos a Jesús en busca de su más tierna simpatía recibir ánimo para perseverar, poniendo toda nuestra confianza en el que dijo: “Confiad, yo he vencido al mundo” (Hijos e hijas de Dios, p. 312).
El verdadero e intenso gozo del alma comienza cuando Cristo se forma en el interior, como la esperanza de gloria. Si Ud. elige ahora el camino que Dios le muestra y va hacia donde la voz del deber lo llama, desaparecerán las dificultades que Satanás ha magnificado delante de Ud.
Ningún camino es seguro, salvo el que se torna cada vez más claro y más firme a medida que Ud. lo recorre. El pie a veces puede resbalar aun en el camino más seguro. A fin de andar sin temor, Ud. debe saber que su mano está firmemente sostenida por la mano de Cristo. No debe pensar ni por un momento que tal vez no haya peligro para Ud.
Hasta los más sabios cometen errores. Aun los más fuertes desfallecen a veces. Los necios, los confiados en sí mismos, los testarudos y los altivos, que avanzan descuidadamente por senderos prohibidos, y que se jactan de poder cambiar su conducta cada vez que lo deseen, están recorriendo un camino lleno de trampas. Pueden recuperarse de una caída, de un error que cometan, pero son muchos los que dan un paso en falso que basta para determinar su ruina eterna (Mensajes selectos, t. 2, p. 192).

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