Notas de Elena | Miércoles 1 de noviembre 2017 | La Ley y la fe | Escuela Sabática

Miércoles 1 de noviembre: La Ley y la fe
Por fe, el ojo espiritual contempla la gloria de Jesús… Por fe, el alma capta la divina luz de Jesús. Vemos encantos incomparables en su pureza y humildad, su abnegación, su maravilloso sacrificio salvar al hombre caído. La contemplación de Cristo induce al hombre a justipreciarse correctamente, pues comprende que el amor de Dios lo ha hecho grande… La posibilidad de ser como Jesús, a quien ama y adora, inspira dentro de el aquella fe que obra por el amor y purifica el corazón . . .
Jesús es más precioso para el alma que lo contempla por el ojo de la fe que cualquier otra cosa; y el alma creyente es más preciosa para Jesús que el oro lino de (Mir. Cristo mira sus manos, las huellas de la crucifixión están alii, y dice: “He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mi están siempre tus muros”. Isaías 49:16 (A fin de conocerle, p. 62).
Tenemos su promesa. Disponemos de los títulos de propiedad en el reino de gloria. Jamás fueron redactados títulos de propiedad tan estrictamente de acuerdo con la ley, o más cuidadosamente firmados, que los que le dan derecho al pueblo de Dios a las mansiones celestiales. “No se turbe vuestro corazón —dice Cristo—; creéis en Dios; creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomare a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Juan 14.T-3…
Todos los que quieren pueden acogerse a las promesas del pacto. Enorme es el precio que se pagó por nuestra redención: La sangre del unigénito Hijo de Dios. Cristo fue puesto a prueba mediante aguda aflicción. Su naturaleza humana fue probada al máximo. Cargo con la pena de muerte que merecía la transgresión del hombre. Se convirtió en la garantía y el sustituto del pecador. Es capaz de mostrar el fruto de sus sufrimientos y su muerte mediante su resurrección de entre los muertos. Desde el sepulcro abierto de José resuena esta proclama: “Yo soy la resurrección y la vida. Los que creen en mí, y hacen las obras de justicia que yo hago, son justificados, santificados, emblanquecidos y probados. Han obtenido piedad y vida eterna” (Cada día con Dios, p. 200).
En el momento en que te aferras de las promesas de Dios por la fe y dices: “Yo soy la oveja perdida que Jesús vino a salvar”, una nueva vida tomara posesión de ti y recibirás fuerza para resistir al tentador. Pero la fe para aferrar las promesas no viene mediante el sentimiento. “La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”. Romanos 10:17. No debes esperar que se realice algún gran cambio, no debes esperar sentir alguna emoción maravillosa…
Toma confiadamente la Palabra de Dios diciendo: El me ama. Dio su vida por mí, y me salvará (En los lugares celestiales, p. 118).

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