Notas de Elena | Miércoles 1 de junio 2016 | La Piedra | Escuela Sabática

Miércoles 1 de junio: La Piedra

Durante más de mil años el pueblo judío había aguardado la venida del Salvador prometido. Sus esperanzas más halagüeñas se habían basado en ese acontecimiento. Durante mil años, en cantos y profecías, en los ritos del templo y en las oraciones familiares, se había reverenciado su nombre; y sin embargo cuando vino, no le reconocieron como el Mesías a quien tanto habían esperado. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Para sus corazones amantes del mundo, el Amado del cielo fue “como raíz de tierra seca”. A sus ojos no hubo “parecer en él, ni hermosura”; no discernieron en él belleza que se lo hiciese desear (Isaías 53:2).

Toda la vida de Jesús de Nazaret entre el pueblo judío fue un reproche para el egoísmo que este pueblo reveló al no querer reconocer los justos derechos del Dueño de la viña que se les había dado a cultivar. Odiaron su ejemplo de veracidad y piedad; y cuando llegó la prueba final, que significaba obedecer para tener la vida eterna o desobedecer y merecer la muerte eterna, rechazaron al Santo de Israel y se hicieron responsables de su crucifixión en el Calvario…

Si el pueblo le hubiese recibido, Cristo habría evitado a la nación judía su condenación. Pero la envidia y los celos la hicieron implacable. Sus hijos resolvieron que no recibirían a Jesús de Nazaret como el Mesías. Rechazaron la Luz del mundo y desde ese momento su vida quedó rodeada de tinieblas como de medianoche. La suerte predicha cayó sobre la nación judía. Sus propias fieras pasiones, irrefrenadas, obraron su ruina. En su ira ciega se destruyeron unos a otros. Su orgullo rebelde y obstinado atrajo sobre ellos la ira de sus conquistadores romanos. Jerusalén fue destruida, el templo reducido a ruinas, y su sitio arado como un campo. Los hijos de Judá perecieron de las maneras más horribles. Millones fueron vendidos para servir como esclavos en tierras paganas.

Lo que Dios quiso hacer en favor del mundo por Israel, la nación escogida, lo realizará finalmente mediante su iglesia que está en la tierra hoy. Ya dio “su viña… a renta a otros labradores”, a saber a su pueblo guardador del pacto, que le dará fielmente “el fruto a sus tiempos”. Nunca ha carecido el Señor en esta tierra de representantes fieles, que consideraron como suyos los intereses de él. Estos testigos de Dios se cuentan entre el Israel espiritual, y se cumplirán en su favor todas las promesas del pacto que hizo Jehová con su pueblo en la antigüedad (Profetas y reyes, pp. 524-527).

La verdad para este tiempo es preciosa, pero aquellos cuyos corazones no han sido quebrantados al caer sobre la Roca que es Cristo Jesús, no verán ni comprenderán qué es la verdad. Aceptarán aquello que place a sus ideas y comenzarán a preparar otro fundamento diferente del que ya ha sido puesto (Mensajes selectos, tomo 2, p. 448).

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